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Comunicaciones |
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Estudios sobre el discurso |
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| Castañares Burcio, Wenceslao- |
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Adoctrinar deleitando: valores en el discurso televisivo
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La polémica sobre las funciones de la televisión pareció terminar el día en que se aceptó que la televisión es entretenimiento. Sin embargo lo cierto es que la televisión, mientras entretiene, hace otras muchas cosas. Algunas explícitamente; otras implícitamente. Por otra parte, hablar de la televisión en general resulta cada vez menos pertinente: hay muchas televisiones. También resulta evidente que una modalidad de televisión, una cadena o un programa pueden estar al servicio de muy diferentes intereses (políticos, económicos, culturales, etc.). La televisión cumple así su papel “mediático” al servicio de determinados intereses. Con todo, esta visión puede resultar demasiado reductora. En el discurso televisivo se defienden también valores que trascienden esos particularismos. Sus representaciones son un reflejo de los valores vigentes en una sociedad, plural y diversa, pero que comparte valores muchas veces indiscutidos. De esta manera, la televisión, ella misma un espejo, contribuye de manera decisiva a construir el imaginario (creencias, actitudes, valores, etc) de la sociedad que la produce y la consume. La televisión no es inocente, pero sus espectadores, tampoco. Los valores televisivos son muchas veces los valores de la sociedad que la consume. De ahí que quienes pretenden convertirla en un chivo expiatorio, yerren muchas veces el tiro. Teniendo en cuenta estos principios, en nuestra ponencia se mostrarán los resultados del análisis de un programa de televisión que, en su intento de conectar con los espectadores, adopta un lenguaje explícitamente moralizante. En este discurso se construyen y representan valores morales y estéticos que se corresponden con los vigentes en un momento histórico en una sociedad determinada. Estos valores no aparecen por generación espontánea: tienen una genealogía que es necesario desentrañar. El análisis muestra además, lo profunda vinculación, ya señalada por los grades filósofos morales (Aristóteles, Spinoza, Hume o Adam Smith), entre moralidad y sentimentalidad. En la televisión, el medio en el que más ampliamente tienen cabida los géneros melodramáticos y sentimentales, esta vinculación se establece de modo natural. La televisión, que es un medio fundamental para la educación sentimental de los que la ven, es descaradamente moralizante. Resulta, pues, necesario hacer explícito el “Tratado de las pasiones” subyacente en su discurso y sus implicaciones axiológicas.
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