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AE-IC Santiago 2008
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I+C: La creatividad y la producción de contenidos
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Elizabeth Cowie
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Las identificaciones que en las películas de ficción se descartan por considerarse tangenciales, ilusorias e ideológicamente peligrosas están permitidas y son propias de los documentales. Este artículo trata de las diferentes maneras que adoptan los documentales para ofrecer puestas en escena de deseo y de imaginación que hacen posible la identificación incluso cuando, o más bien porque el documental se presenta a sí mismo como real.

"Dejemos que hablen los hechos", escribieron los sociólogos Merton y Lazerfeld en 1944 al defender que los documentales propagandísticos estadounidenses de la Segunda Guerra Mundial deberían conquistar a los espectadores a través del conocimiento, y también de los agentes de acción implicados en dicho conocimiento, mostrando más que contando. ¿A qué se debe nuestra fascinación por los hechos? ¿Hablan los hechos por sí mismos? ¿No es acaso el conocimiento también una cuestión de identificación, es decir, de identificación en tanto que sujeto que conoce y que llega a conocer -tanto viendo por sí mismo la verdad de la realidad como mediante una identificación con lo visto, los objetos del conocimiento y de la observación de la cámara- a otras personas, otros sujetos? Los documentales apelan a la identificación y la necesitan; se trata de un proceso cognitivo, y de una cuestión de conocimiento, puesto que tenemos que identificar sus hechos y reconocer sus significados. Para ello nos posiciona el discurso de la realidad del documental, identificados como sujetos destinatarios. Sin embargo, nuestra relación con el saber no es simplemente racional y objetiva, sino también un compromiso emocional con lo visto y lo oído que a menudo se conoce como identificación.

El conocimiento, como bien demostró Michel Foucault, no es algo que exista, sino que en realidad es lo que una comunidad reconoce como tal, esto es, aquello que posee un valor de uso específico para una comunidad, como por ejemplo el conocimiento de las propiedades de las plantas -eficaces o perniciosas- o la comprensión de la luz, o el conocimiento de la poesía, o de la política. El conocimiento es independiente del sujeto en tanto que forma objetiva de entender el mundo, mientras que al mismo tiempo, paradójicamente, siempre va destinado a un sujeto, pues no existe más que cuando alguien lo conoce, del mismo modo que Charles Sanders Peirce afirmaba que en la definición de signo siempre se presuponía un destinatario.

¿Cómo se dirigen a nosotros los documentales mediante sus hechos y su deseo de representar la verdadera realidad? ¿Cuál es nuestra posición como espectadores a los que se dirigen los documentales y que son interpolados por su discurso? En tanto que espectadores de los documentales generamos un deseo no sólo por la realidad representada, sino también por encontrar ese momento que no sólo es real y fáctico, sino también "verdad". Este artículo investigará nuestro compromiso con la manera en que los documentales representan los hechos de la realidad, así como su presentación en la manera de filmar la realidad de la verdad de la experiencia de los acontecimientos que constituyen dichos hechos, esto es, de las personas reales que participan en el documental.
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AE-IC Santiago 2008
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Congreso internacional fundacional AE-IC I+C Investigar la Comunicación | Actas y memoria final
ISBN: 978-84-612-3816-3
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