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Ponencias |
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Conferencia inaugural |
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Néstor García Canclini |
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Investigar la comunicación. Retos científicos, compromisos sociales
La organización social de las comunicaciones ha sido estudiada por el pensamiento crítico como un sistema fracturado por brechas: entre quienes poseen televisión gratuita o de pago; o entre quienes sólo reciben entretenimiento o también información estratégica; últimamente, entre los que acceden a las tecnologías digitales y los que quedan afuera o sólo subutilizan sus recursos más elementales, como el correo electrónico y el teléfono móvil para comunicarse. Siempre se analiza la grieta y el desequilibrio entre sociedades centrales y periféricas. Sin embargo, es posible una comprensión más compleja de la significación cultural y social de estos procesos -no como simple polarización- para concebir de otro modo las políticas. Una de las conclusiones del análisis multidimensional de la diversidad es que se cruzan las distintas diferencias y desigualdades: étnicas, de género, educativas y de acceso a las tecnologías avanzadas y la comunicación transnacional. Esta comprobación tiene consecuencias en el estudio y la comunicación de la diversidad, en el análisis de las brechas, así como en el diseño de políticas interculturales.
¿A dónde conduce relacionar los nuevos modos de informarse y conocer con las formas actuales de comunicarse? Ante todo, vemos de manera distinta la oposición entre sociedad de la información y sociedad del conocimiento. Si nos interrogamos sobre lo qué significa hoy saber, saber para actuar con sentido en la vida social, necesitamos trascender la noción de sociedad de la información. A la vez se modifican los hábitos de los estudios clásicos sobre cultura que incurren todavía en escisiones gutemberguianas, premediáticas, atribuyendo a los medios audiovisuales masivos el ser sólo proveedores de diversión, a Internet de información y a los libros de conocimiento.
La convergencia digital incita a considerar unidos los diversos modos de saber; entretenernos y estar juntos como partes interactuantes de la misma sociedad. Seguirá habiendo medios especializados en informar, otros en divertir y otros en producir sabiduría o ciencia. Pero también (unos pocos) especialistas en televisión y videojuegos se hacen preguntas sobre lo que se aprende en ellos, así como las universidades se replantean (a veces) en qué sentido la difusión del saber puede ser parte vertebral de su tarea. Estas experiencias hacen posible imaginar un pasaje de la reduccionista sociedad de la información a una sociedad de conocimiento que, planteándose los desafíos de la interculturalidad, llegue a ser también una sociedad del reconocimiento.
Las necesidades de convivencia intercultural nos llevan a combinar el estudio de las brechas -entre países centrales y periféricos, entre informados y entretenidos, entre las culturas letradas, audiovisuales y digitales- con las estrategias de comunicación que faciliten la inteligibilidad y la coexistencia entre culturas. |
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