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Comunicacións |
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Estudos sobre o discurso |
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| Gonzalez, Gustavo;-Negri, Gabriel; Varnier, Cristian; Toledo, Carlos; Flores, Ramón; Cellerino, Jorge; Barbero, José |
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Las Universidades en la última dictadura militar 1976-1983.
Un plan sistemático de acción en las universidades nacionales. La sistematización de la información sobre suspensiones y expulsiones dentro de la comunidad universitaria como forma de persecución política e ideológica. |
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El Proceso de transformación de las identidades culturales en las percepciones y en la construcción de lazos sociales en las Universidades nacionales en el período 1976-1983
No se pueden explicar los procesos sociales que surgieron después del golpe del 24 de marzo de 1976 con la lógica simplificación de alto impacto, sino como la consecuencia del accionar represivo simbólico y material sufrido por la Universidad pública.
En las estrategias discursivas utilizadas por los militares desaparecieron el porque y el cómo, ya que no solo desaparecían las personas sino que también las posibilidades de relación social, cultural y el escenario que le daba un marco institucional. Este panorama guarda estricta relación con el triunfo de la ideología del mercado sobre lo cultural y de la violencia estatal en el ámbito publico. En el procesamiento de los expedientes que realizamos para analizar la persecución desatada, también pudimos comprobar la relación entre las identidades y los sujetos, definiendo las construcciones de aquellas, como la resultante del doble accionar represivo: fáctico y simbólico.
La memoria como un intercambio de reconstrucción
Una de las cuestiones en las que se puede ver la subordinación de la universidad como institución a los imperativos militares, se refleja en “el porcentaje de estudiantes dentro del total de personas desaparecidas que manejo la comisión nacional sobre la desaparición de personas (CONADEP), fue del orden del 21%. Las universidades nacionales en particular, fuertes proveedoras de la militancia política, fueron golpeadas duramente al secuestro de docentes, estudiantes y no docentes, se sumo una vigilancia policial permanente dentro de los claustros y la supresión y traslado sospechada de prohijar subversivos” (Pág. 93 del libro “Universidad y Dictadura” de Perel, Raíces, Perel). Este punto adquiere relevancia al comparárselo con los datos que pudimos extraer de los expedientes y que se pueden ver en los puntos 1 y 2 referidos a las expulsiones y suspensiones sufridas por las diversas universidades en general y las facultades en particular. Dentro de las universidades se desató una persecución signada por la”guerra cultural” y que tenía como objetivo constituirse como un modelo ejemplificador de los patrones de sociabilidad propugnados por el nuevo régimen. Dentro de este marco, los cambios institucionales, los planes de estudio y el arancelamiento surgían como un objetivo que excedía la estructuración burocrática y tendía a la consecución de los fines expresados en el acta del proceso de reorganización nacional en el punto 2.8 propósitos y objetivos de dicha acta.
La sanción normalizadora
Cuando se hable del control ejercido por la dictadura no se puede dejar de lado al sistema represivo instaurado, ejercido y aceitado por la jerarquía castrense. En realidad lo que hizo la dictadura fue corregir y aumentar lo que se había iniciado en los últimos años del gobierno de Isabel Perón (1974- 1976). Con el golpe del 24 de marzo de 1976 se reprodujo al interior de las facultades el dispositivo que habría de dominar la sociedad en los años aciagos del terrorismo estatal.” (Pagina 102 del libro “Universidad y dictadura”) Este sistema de represión y control interno tenia dos grandes funciones. La primera estaba constituida por un fuerte aparato de vigilancia con guardias policiales armadas que custodiaban las entradas y pasillos de las facultades, controlando el acceso y movimiento de la masa estudiantil dentro de sus recintos. La segunda función de control, mas solapada pero simultanea a la anterior, respondía a las tareas de infiltración que manejan habitualmente los servicios de inteligencia. Se introducían en las clases agentes que fungían de alumnos dispuestos a detectar entre el estudiantado potenciales subversivos generando por eso mismo un justificado temor entre los cursantes. Pasados los tres primeros años de la dictadura militar, los controles se aflojaron pero prevaleció la paranoia instalada y la percepción latente del miedo a la desaparición y la tortura. La persecución real y física fue interiorizada en cada uno de los miembros de la Universidad, instalando así un doble escenario: por un lado, en el primer caso se puede observar la función manifiesta en los actos sociales, y en el segundo la sensación latente y persecutoria sin que se necesitara una presencia física objetiva de las fuerzas de seguridad, con lo cual el objetivo de la dictadura estaba cumplido. Citando a Foucault, se produce un quiebre en el par “ver- ser visto”.
Educación y control
La Educación estuvo sujeta a un férreo control lenticular cuyas acciones estaban dirigidas a vigilar y castigar. Operadas fundamentalmente en las relaciones entre docentes y alumnos y entre éstos entre sí. Hubo hechos rayanos en lo demencial pero que resumen el grado de persecución material y simbólica que se ejerció en los albores de la dictadura. Uno de los ejemplos fue: la quema de libros que realizó el Teniente Coronel Jorge Gorleri, el 29 de abril de 1976 (esto es 36 días después del Golpe Militar en la ciudad de Córdoba). El motivo central era “ la quema de documentación perniciosa que afecta el intelecto y nuestra manera de ser cristiana(…) para que con éste material se evite continuar engañando a nuestra juventud sobre el verdadero bien que representan nuestros símbolos nacionales, nuestras familias, nuestra iglesia, nuestra más tradicional acervo sintetizado en Dios, Patria, Hogar”( cito. Diario La Opinión 30 de abril de 1976 en La dictadura Militar de Marcos Palermo y Vicente Novaro, pagina 140).
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