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Comunicacións |
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Estudos sobre o discurso |
Mesa 4.13. Estudos sobre o discurso 13: O oficio de xornalista
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| Magallón Rosa, Raúl- |
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El periodista como medio, receptor y usuario
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La clásica teoría de la aguja hipodérmica que definía al receptor como un ente pasivo y manipulable, incapaz de responder a los estímulos y mensajes provenientes de los medios de comunicación, nunca supo o quiso desarrollar en profundidad sus premisas en relación al propio periodista.
A pesar de ello, han sido multitud de escuelas y autores los que se han centrado en su “especial” rol de receptor en relación a los masivos mensajes provenientes de los medias. Estos estudios señalaban la particularidad que existía en torno a la figura del periodista, entendido como sujeto de consumo de comunicación de masas y destacaban que ese autoconsumo no se correspondía con el receptor habitual puesto que tanto en cantidad como en calidad resultaba incomparable cualquier analogía.
La hipótesis defendida era que un periodista es receptor veinticuatro horas al día mientras que un actor social sin re-presentación en el mundo medíatico puede llegar a no consumir ningún tipo de información de “interés ciudadano” durante un tiempo indeterminado o hacerlo de forma variable.
Es por ello que paradójicamente el consumo masivo del periodista puede llegar a ser entendido por parte del público mediático como una carencia social, puesto que le “aleja” de la realidad social hasta tal punto que incluso acaba construyendo su propia realidad mediática (en cualquier caso, y como sabemos, estas dos realidades no tienen porqué coincidir y, de hecho, en ocasiones ni siquiera tienen la intención de hacerlo).
Esta dialéctica tradicional entre actores y espectadores, aplicada al periodista nos lleva a pensar que es necesario definirlo, al menos, a través de tres premisas:
1.- El periodista como medio: es decir, como canal de informaciones o como actor dentro del canal mediático 2.- El periodista como receptor: es decir, como actor social influenciable por los mensajes mediáticos 3.- El periodista como usuario: es decir, como consumidor de productos mediáticos
Tomando como objeto de análisis estas tres premisas parece imprescindible partir de una afirmación de Umberto Eco, quien en su inagotable Guerrilla Semiológica, señalaba que “los medios no transmiten una ideología, son una ideología en sí mismos”. Por lo tanto, si esta enunciación es transladada al periodista –quien en no pocas ocasiones también ejerce de sacerdote social-, debemos destacar que éste ha podido devenir –con el peligro que eso conlleva- un ideólogo frente al clásico papel de actor -de intermediario de los hechos y acontecimientos- que tradicionalmente le había sido asignado.
Nos encontramos de esta forma con un ideólogo que proclama su doctrina tomando como objetivo no tanto al público –entendido como receptor masivo-, sino al propio sistema periodístico. Su intención, por consiguiente, sería reducir con ello la complejidad que ahoga al sistema mediático y al propio periodista.
De este modo, posiblemente sea necesario repensar la teoría hipodérmica tomando como destinatarios al propio periodista -quizá el actor social más influenciable por sus propios mensajes-, y a la ideología mediática que envuelve el sistema de actores que participan de los media.
Esto explicaría, por ejemplo, y es el hecho/acontecimiento que aquí pretendemos analizar, el rol del periodista tras los atentados del 11-M y, entre otras cosas, la creación, construcción y representación posterior de la llamada “Teoría de la Conspiración”.
El objetivo de esta comunicación es, por lo tanto, analizar la relación de importancia, alcance y significación que se ha ido estableciendo en torno a dicha cuestión a lo largo de este tiempo entre periodistas, sistema mediático y actores sociales.
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