Los ‘pseudos’ que acechan al periodismo

Por Dolors Palau-Sampio, catedrática de Periodismo de la Universitat de València y coordinadora del Grupo de Trabajo Periodismo e Información de Calidad de la AE-IC

TRIBUNA ABIERTA



Cómo citar: Palau-Sampio, D. (2025, 31 de octubre). Los ‘pseudos’ que acechan al periodismo. En Boletín Mensual de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación (48). DOI: 10.5281/zenodo.17463897

En tiempos de desconcierto informativo, el disfraz puede parecer tan auténtico como el original que emula, precisamente porque la máscara absorbe sus rasgos más llamativos. La web que imita al medio digital con impactantes titulares adulterados o el individuo que acosa con un micrófono a personajes públicos son, para una parte de las audiencias digitales, el periodismo en estado puro. Lo auténtico. Aunque ninguna de esas webs y ninguno de estos individuos, con miles de seguidores en redes sociales, pretendan nada parecido a informar. Nada que pueda asimilarse a lo que el artículo 20 de la Constitución Española, en su apartado d), consigna con la contundencia del adjetivo “veraz”.
El ecosistema desinformativo, sus protagonistas y sus engranajes, es tan diverso como los intereses que los mueven y retroalimentan (Bennett y Livingston, 2020; Wardle y Derakhshan, 2018). Sin embargo, entre los organismos que conviven y nutren este espacio digital, que azuza la confusión y la polarización, destaca una especie particularmente agresiva para el periodismo, por la capacidad de erosionar –más aún– la confianza social en la información (Sierra-Iso et al., 2025) en un contexto híbrido de medios (Chadwick, 2017). En particular, por hacerlo mimetizando aspectos externos –el estilo de una web de noticias, clichés asociados a la profesión– mientras se desprecia la esencia del trabajo periodístico y cualquier asomo de deontología. En este carnaval del camuflaje reinan con especial protagonismo dos pseudos del periodismo, asociados tanto a la vocación de adoptar la apariencia de los medios como la de sus profesionales.
 
Imitación y burla
Tratar de definir qué es un pseudomedio se enfrenta a la dificultad de desentrañar el ambivalente juego de equilibrios que subyace a fingir ser algo que se escarnia, pero también a la variedad de tonos y grados que puede adoptar un disfraz de legítima línea editorial. El primer rasgo definitorio de este concepto es el prefijo pseudo– (procedente del antiguo griego, ψευδο-), que connota con un sentido de falsedad aquellos términos a los que precede, en este caso, el sustantivo medios.
Entre las acepciones que plantea el diccionario de la Real Academia Española para el término falso resulta ilustrativa la que apela a aquello “que se hace imitando otra [cosa] que es legítima o auténtica”. Precisamente en esta imitación de algo legítimo o auténtico está la clave de fuerza del concepto de pseudomedio. El empleo de este término en varias publicaciones para referir a uno de los actores del ecosistema desinformativo (Palau-Sampio, 2021; 2023; 2024; Palau-Sampio y Carratalá, 2022) busca poner de manifiesto el carácter fraudulento de unas webs que, intencionadamente, pretenden hacer parecer lo que no son, utilizando la estratagema y el fingimiento para lograrlo.
Teniendo en cuenta las reflexiones, con pseudomedios se designa a aquellas páginas web que imitan formas y estilos de composición utilizados por los periodistas (Rathnayake, 2018), al tiempo que infringen las convenciones básicas de la profesión y mezclan información, comentarios e ideología (Del-Fresno-García, 2019). Con frecuencia, además, se limitan a parasitar a los medios convencionales, absorbiendo sus contenidos y reformulándolos de acuerdo a unos intereses ideológicos (Toivanen et al., 2021).
 
La baza de lo alternativo
La apuesta por el sustantivo pseudomedios es significativa frente a otras denominaciones que se barajan en la literatura académica, especialmente respecto a medios hiperpartidistas (hyper-partisan media) (Benkler et al., 2017) o alternativos (Haller y Holt, 2019), que esquivan esta idea de mimetización encaminada al engaño.
En el primer caso, el prefijo pseudo– resulta relevante frente al de hiper– por cuanto el hecho de presentarse como webs al servicio de una ideología (sin apelar a la condición de medios) no plantearía debate alguno: la audiencia ya sabría a qué atenerse, a webs impregnadas de una determinada ideología. Sin embargo, el hecho de que estas webs imiten a los medios convencionales con la vocación de confundir a la audiencia requiere del prefijo pseudo– para desvelar su verdadera condición, justamente porque el disfraz de medios se convierte en una estrategia de autolegitimación, camufla su esencia.
En el segundo caso, el uso del adjetivo ‘alternativos’ resulta también conflictivo, puesto que este presunto carácter alternativo es una de las bazas de legitimación que emplean los pseudomedios, presentándose como críticos, marcando distancias respecto a los medios convencionales, y resaltando su presunta autonomía e independencia de cualquier tipo de injerencia.
De hecho, los pseudomedios juegan al equívoco, usando el reclamo de la singularidad para erigirse como actores genuinos en un escenario informativo que denuncian como corrupto, y que ellos se proponen limpiar. Mientras alguno aspira a “ensanchar el ámbito de la libertad de expresión y opinión en España: una libertad atenazada por la corrección política imperante, la censura ideológica y la cultura de la cancelación”, otros alzan la bandera de lo “políticamente incorrecto” y se vanaglorian de ofrecer “información, noticias y actualidad”, al tiempo que publican sin ambages titulares xenófobos. Un tercero promete “noticias de verdad”, “censuradas por todos”, cuando celebra, en el mismo titular, los resultados electorales de un partido de extrema derecha en el Parlamento Europeo.
El uso del adjetivo alternativo, aplicado a estas webs que se hacen pasar por medios, aporta un componente de ambigüedad e induce a la confusión con los “medios alternativos”, asociados al activismo de movimientos sociales y de resistencia en las décadas de 1960 y 1970 (Gibbs y Hamilton, 2001). Por tanto, su uso no sería adecuado si no se explicita claramente la adscripción ideológica, como plantean Figenschou e Ihlebaek (2019) al hablar de medios alternativos de extrema derecha (“far-right alternative media”).
 
Un ecosistema ultra con intereses heterogéneos
La vinculación ideológica sirve como nexo de unión a un ecosistema digital heterogéneo e inestable, pero también oportunista e interconectado, al servicio de un credo de ultraderecha, con matices de énfasis antiinmigración, antivacunas, antigénero o anti-LGTBI, en función de los intereses específicos de los promotores. Un ecosistema capaz de mutar con rapidez, según las corrientes de fondo y la oportunidad de exprimir los miedos y la incertidumbre de la ciudadanía, como desveló la pandemia (Palau-Sampio, 2021). Pero también de seducir a una parte de la misma. De hecho, los principales pseudomedios analizados en 2021 contaban con 4,2 (julio) y 3,6 (diciembre) millones de usuarios únicos (Palau-Sampio y Carratalá, 2022; Palau-Sampio, 2023). El carácter inestable se refleja en la mutabilidad con la que algunas de estas webs se crean y desaparecen, cambian de nombre o siguen operando a través de un entramado de sucesores que incluyen editoriales e iniciativas audiovisuales en red. A menudo, con sinuosos vínculos entre ellos, que sirven de altavoz, pero también de estrategia de legitimación y reafirmación de discursos xenófobos, negacionistas, machistas y homófobos.
El espectro de promotores de pseudomedios incluye desde herederos de la dictadura –vinculados a la Fundación Francisco Franco–, del carlismo o del populismo de Jesús Gil, hasta representantes del ultracatolicismo (Ramos, 2021) o propagandistas al servicio de partidos como VOX o SALF, que combinan las plataformas web con el efecto amplificador de las redes sociales, para llegar a públicos jóvenes, a través de influencers con miles de seguidores, algunos revestidos de pseudoperiodistas.
Estos pseudomedios convierten la información contrastada y el diálogo en un ataque desprovisto de argumentos y alimentado por juicios de valor, fundamentado en el componente emocional, con el objetivo de generar desconfianza y contribuir al desorden informativo (Wardle y Derakhshan, 2018), apoyándose en teorías conspirativas y versiones engañosas de la realidad social que desafían las reglas democráticas y la armonía social, y reforzando los mensajes sesgados con patrones expresivos y prácticas polarizadoras (Palau-Sampio, 2023). Todo ello sin desmerecer la monetización. A las clásicas inserciones de Google Ads se suman los más diversos reclamos, desde anuncios encubiertos de sexo y juego online a criptomonedas, inversión inmobiliaria o servicios legales. Hasta el punto de que estas webs solapan otros negocios más allá de la desinformación.
En España, la actividad de los pseudomedios ha situado su principal foco desde 2020 en temas sociales, políticas progresistas y en las medidas para gestionar la pandemia (Palau-Sampio y Carratalá, 2022). Estos pseudomedios se caracterizan por un lenguaje que incide en el componente emocional, expresado mediante titulares polarizados que recurren al clickbait para captar la atención y construir una jerga particular, exacerbada por la desinformación y las prácticas populistas. En ellas destaca una clara vocación de establecer una línea divisoria entre un nosotros que representa los más altos valores y un ellos execrable, motivo de burla y deshumanización (Palau-Sampio, 2023).
La dependencia de estas técnicas revela las limitaciones de producción de estas webs, cuyos contenidos son una mezcla de textos de opinión, en combinación con el plagio de contenidos de otros medios convencionales –adaptando los titulares y la redacción a sus objetivos de distorsión– y la canibalización de redes sociales y de sitios web de ideología afín (Palau-Sampio, 2023).
 
Fiscalización selectiva 
Otra de las claves de identificación de los pseudomedios es la impostura en el rol profesional. De hecho, emulan el rol de vigilancia denunciando aquellas acciones o proyectos alejados de su ideología y empleando campañas para condenarlos (Palau-Sampio, 2024). Ello implica un escrutinio selectivo de actores y cuestiones a fiscalizar, para señalar aparentes abusos en los que se apropian indebidamente de la dimensión legítima del rol periodístico de watchdog. Se traduce en una adaptación estilística de las características del papel de perro guardián en los textos publicados, emulando y exagerando pretendidas denuncias que, en realidad, representan una satanización de representantes de los partidos opuestos a su ideología, en particular la coalición en el gobierno. Uno de los elementos más significativos es la ridiculización de inversiones públicas en políticas ajenas a su ideario –como la igualdad de género, que se convierte en la diana perfecta para acusar a los representantes políticos de malas prácticas financieras– o la reinterpretación de los derechos humanos y sociales a la luz de sus propios valores y no de acuerdo con las convenciones internacionales.
Esta impostura en el rol de watchdog ha tomado fuerza en los últimos dos años de la mano de pseudoperiodistas que persiguen y hostigan selectivamente a representantes públicos y a los propios periodistas (APM, 2025), además de boicotear su labor en ruedas de prensa. La investigación y el trabajo riguroso de verificación se sustituyen por una puesta en escena con carreras a empujones y codazos, gritos y persecuciones, tanto en los escenarios oficiales como en los entornos privados. A menudo, sin mediar siquiera una pregunta, sino una acusación que se repite inquisitivamente durante una calculada secuencia de tiempo, se graba y después se viraliza en redes. Todo ello sin más objetivo que la provocación, encubierta de ejercicio de libertad de información, de la que se ha esfumado cualquier vocación de informar o explicar en pos de un espectáculo destinado a agudizar la desconfianza y el desconcierto y, en último término, el rédito electoral de quienes se nutren de ellos.
La desinformación constituye un riesgo mayúsculo para la democracia, como han destacado distintas investigaciones y han alertado numerosos organismos internacionales. Pero la contribución a ella de pseudomedios y pseudoperiodistas lo es también para el periodismo, para los medios y profesionales que lo ejercen dignamente. Más allá de las conexiones ideológicas y de los cambios en las formas de consumo, que una parte de la ciudadanía asuma y aplauda estos contenidos como periodismo revela disfunciones notables. Y deja en el aire una inquietante interpelación –a medios, a profesionales, a asociaciones y a la propia academia– para entender qué mecanismos cortocircuitan la confianza y cómo neutralizarlos. Antes de que las corrientes que socavan esta confianza impongan el disfraz sobre la información veraz.

Referencias

  • APM, Asociación de la Prensa de Madrid (2025). La APM se adhiere al comunicado de la APP en el que rechaza comportamientos contrarios al derecho a la información. 13 de mayo de 2025. https://www.apmadrid.es/comunicado/la-apm-se-adhiere-al-comunicado-de-la-app-en-el-que-rechaza-comportamientos-contrarios-al-derecho-a-la-informacion/
  • Bennett, W., y Livingston, S. (2020). The disinformation age. Cambridge University Press.
  • Chadwick, A. (2017). The Hybrid Media System: Politics and Power. Oxford University Press.
  • Del-Fresno-García, M. (2019). Desórdenes Informativos: Sobreexpuestos e Infrainformados en la era de la Posverdad. El Profesional de la Información, 28(3): 1–11. doi:10.3145/epi.2019.may.02
  • Figenschou, T. U., y Ihlebæk, K. A. (2019). Challenging Journalistic Authority: Media Criticism in Far-Right Alternative Media. Journalism Studies 20(9): 1221–1237. doi:10.1080/1461670X.2018.1500868
  • Gibbs, P. L. y Hamilton, J. (2001). Alternative Media in Media History. Media History, 7(2): 117-118, DOI: 10.1080/13688800120092192
  • Haller, A., y Holt, K. (2019). Paradoxical Populism: How PEGIDA Relates to Mainstream and Alternative media. Information, Communication & Society, 22(12): 1665–1680. doi:10.1080/1369118x.2018.1449882
  • Palau-Sampio, D. (2021). Pseudo-media sites, polarization, and pandemic skepticism in Spain. Frontiers in Political Science, 3, 685295. https://doi.org/10.3389/fpos.2021.685295
  • Palau-Sampio, D., y Carratalá, A. (2022). Injecting disinformation into public space: pseudo-media and reality-altering narratives. El Profesional de la Información, 31(3). https://doi.org/10.3145/epi.2022.may.12
  • Palau-Sampio, D. (2023). Pseudo-Media Disinformation Patterns: Polarised Discourse, Clickbait and Twisted Journalistic Mimicry. Journalism Practice, 17(10): 2140–2158. https://doi.org/10.1080/17512786.2022.2126992
  • Palau-Sampio, D. (2024). Muddying the media ecosystem: roles and performance of the pseudo-media. En: Negreira-Rey, M.C.; Vázquez-Herrero, J.; Sixto-García, J.; y López-García, X. (Eds.) Blurring Boundaries of Journalism in Digital Media: New Actors, Models and Practices (pp. 107-120). Cham: Springer International Publishing.
  • Ramos, M. (Ed.) (2021). La irrupción de Vox. De los neocon a los neonazis: La derecha radical en el estado español. Madrid: Fundación Rosa Luxemburgo.https://rosalux.es/wp-content/uploads/kontext-import/documents/6/e/f2b1a0.pdf
  • Rathnayake, C (2018). Conceptualizing satirical fakes as a new media genre: an attempt to legitimize ‘post-truth journalism. En: The internet, policy & politics conference 2018, University of Oxford, UK. https://bit.ly/2Qs6lIy
  • Sierra-Iso, A., Labiano-Juangarcía, R., Novoa-Jaso, M. F., y Vara-Miguel, A. (2025). Digital News Report España 2025. doi.org/10.15581/019.2025
  • Toivanen, P., Nelimarkka, M., y Valaskivi, K. (2022). Remediation in the hybrid media environment: Understanding countermedia in context. New Media & Society, 24(9), 2127-2152. doi.org/10.1177/1461444821992701
  • Wardle, C., y Derakhshan, H. (2018). Thinking About ‘Information Disorder’: Formats of Misinformation, Disinformation, and mal-Information. En Irenton, Ch. y Posetti, J. Journalism,‘Fake News’& Disinformation (pp. 43–54). Paris: Unesco.