Informe ‘El estado de la Unión Europea 2026’,

 Conclusiones de la presentación del informe ‘El estado de la Unión Europea 2026’, organizada por la Fundación Alternativas

El reto de la UE: frenar el auge autoritario de Trump y Putin con un modelo de derechos y libertades

  • La dependencia de EEUU se ha “convertido en un las­tre porque con­diciona la libertad de acción de la Unión, tanto en sus políticas internas como en su acción exterior”
  • La UE ha de ser “más ambiciosa en el diseño de sus políticas públicas industriales, para ponerse a un nivel de competi­tividad equiparable a la de EE UU y China”

Madrid, 9 de septiembre de 2026. La Fundación Alternativas presentó este miércoles su Informe sobre el estado de la Unión Europea 2026. Toda la acción presente comunitaria y todos los debates de sus diversas políticas vienen marcados por la situación geopolítica mundial. Desde que la presidenta de la Comisión, Úrsula Von der Leyen, definiese el momento de la “Europa geopolítica” hace unos años, la UE ha efectuado un giro notable en función de la creciente rivalidad entre EEUU y China. De este modo, ha ido lanzando iniciativas para fortalecerse internamente y reducir su dependencia política, tecnológica, militar o estratégica.

Amenazada por el ascenso de populismos de corte anti-europeista en el interior, así como por el unilateralismo o la agresividad de las grandes potencias, o el estallido de conflictos como Ucrania, Gaza o Irán, en el frente exterior, la UE debe actuar rápido si no quiere caer en la irrelevancia. Esta nueva edición del informe aborda retos cruciales que se refieren a la Unión Europea como actor global y la política exterior y de defensa; el Estado de Derecho; la competitividad de la industria europea; la política migratoria; o el reto tecnológico frente a EEUU y China. 

El informe de la Fundación Alternativas aclara que “la UE debe transformar la soberanía es­tratégica en el eje vertebrador de la Europa geopolítica, combinando autonomía energética, tecnológica, industrial y de­fensiva con democracia, cohesión social y multilateralismo, para preservar su ca­pacidad de decisión e influencia en un entorno internacional cada vez más com­petitivo”. En este sentido, reclama una “participación amplia de los ciudada­nos en todas y cada una de las dis­tintas fases del proceso de toma de decisiones, desde la concepción hasta la aplicación de las políticas, para ge­nerar una mayor confianza en los re­sultados finales y en las instituciones de las que emanan las políticas”.

El documento recuerda asimismo que “las naciones que forman la Unión Eu­ropea han postergado durante déca­das las decisiones y acciones necesarias para alcanzar su autonomía estratégica”, que requiere “una política exterior y de seguridad común autónoma, robusta y eficaz que le permi­ta garantizar su soberanía y su libertad, y jugar en el escenario global el papel que le corresponde y necesita para de­fender sus valores e intereses”. Algunos por desconfianza hacia las intenciones o la capacidad de sus socios, y muchos porque “estaban muy cómodos ocupados en su desarrollo económico y comercial”, dejaron descansar su seguridad en una potencia externa, EEUU, sobre la que “no tienen ningún control y que natural­mente prioriza sus propios intereses”. La irrupción del presidente Donald Trump en su segundo mandato, con una políti­ca internacional “unilateral y abusiva” ha puesto de manifiesto, más que nunca, los riesgos de esta pasividad.

Oriente Medio

La dependencia de un solo polo de poder, EEUU, se ha “convertido en un las­tre en lugar de una ventaja, porque con­diciona la libertad de acción de la Unión, también en sus políticas internas, pero sobre todo en su acción exterior, incluso la hace cómplice ante otros países –aun­que solo sea por pasividad– en acciones ilegales o ilegítimas emprendidas o res­paldadas por Washington”. En lo que respecta a Oriente Medio, es necesario que la Unión “alcance una posición común que solo puede estar basada en los principios de legalidad y respeto a los derechos humanos que el Tribunal de la UE consagra como fundamento de su política exterior”.

Pero como aspecto primordial, el trabajo de la Fundación Alternativas apunta que “la acción exterior de la UE debe tener como objetivo prio­ritario tratar de sostener y difundir un modelo alternativo al de la fuerza, la vio­lencia, la dominación y la vulneración de todas las normas y todos los derechos, que parece prosperar de la mano de aspi­rantes a dictadores como Trump o Putin, y proyectar en todo el mundo los valo­res de solidaridad, cooperación, respeto mutuo, libertad y paz, que son la esencia de la Unión Europea”. Si la UE defiende sus valores defenderá también sus intereses, que solo pueden de­sarrollarse en “un entorno democrático y pacífico”. La pervivencia de esos valores es la principal razón, por encima de las económicas o comerciales, que impulsó desde su inicio el proceso de construc­ción europea.

Por otro lado, la situación del Esta­do de Derecho en la Unión Europea (UE) ha experimentado “evoluciones positivas”, debido, principalmente, a los “cambios de gobierno en Polonia y Hungría” y a la “presión constante” del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) y el papel sancionador que el nuevo mecanismo de condicionalidad presupuestaria ha “im­puesto como medida de presión”. Y ello sin que convenga olvidar, en el lado ne­gativo, la inoperancia del mecanismo de sanciones del artículo 7 del Tratado de la Unión Europea.

El informe de Alternativas también demanda “más ambición en el diseño de las políticas públicas industriales europeas”. El diagnóstico está hecho: “Innovación tecnológica, descarbonización, soberanía industrial europea y capacidades indus­triales europeas (autonomía estratégi­ca)”. Tras la Brújula de Competitividad, o mientras la Brújula de Competitividad se implementa, la UE debería estar ya dise­ñando un nuevo plan que contenga todos los instrumentos necesarios para “poner a la industria europea al nivel de competi­tividad demandado, equiparable a la de EE UU y China”.

El Pacto Verde Europeo es otro elemento fundamental, y ya “no es solo un proyecto climático, sino que se trata de un pro­yecto de soberanía económica, segu­ridad energética, reindustrialización y cohesión social que utiliza la descarbo­nización como vector de transformación productiva”. En este contexto, Europa necesita tanto “legislar adecuadamente”, con re­gulaciones proporcionadas, basadas en evidencia y predecibles; como hacerlo “eficazmente”, con instrumentos financie­ros adecuados, gobernanza multinivel funcional y señales de precio que movili­cen la inversión privada.

Diplomacia migratoria

En cuanto a la diplomacia migratoria, el espacio comunitario “adopta el enfoque de rutas que ya viene implementando la Comisión desde hace tiempo, fortaleciendo en los próximos cinco años los partenariados ya exis­tentes y adoptando nuevos con terceros países de origen y tránsito de las rutas migratorias a la UE, así como con los paí­ses de acogida de la población refugiada”. Entre ellos destaca Egipto, Túnez, Jorda­nia y Mauritania y el Pacto del Medite­rráneo, como ejemplo de acuerdos con los países vecinos del sur que “la UE ha de se­guir fomentando para evitar las llegadas irregulares, desmantelar las redes de trá­fico de personas, intervenir en las cau­sas profundas de la migración, fortalecer los sistemas de asilo de terceros países para que puedan ofrecer protección a la población refugiada cerca de los países de origen y vías de reasentamiento en la UE, así como intensificar los retornos de las personas migrantes en situación irre­gular desde la UE a estos terceros países”.

Por otro lado, el “reto tecnológico y de la IA apun­ta a la supervivencia económica de la UE en un entorno geopolítico com­petitivo”. Pero es preciso que los europeos desa­rrollen “una alternativa conceptual a ciertas corrientes tecno-capitalistas procedentes de EEUU”. Por muy trans­formadora que resulte la IA, tampoco es “una panacea para los problemas sociales, económicos o culturales en Europa y en el resto del mundo”. Si se le da un uso incorrecto, puede agra­varlos. La IA es un medio, no un fin. No se trataría tanto de plantear una alternativa a la IA, sino de “retomar el control y generar IA’s alternativas para la mejora económica y social”.

Asimismo, el informe evidencia que la autonomía energética plena es imposible: “La UE no puede aspirar a una independencia ener­gética absoluta en un sistema global profundamente interconectado. Por el contrario, su objetivo debe ser la reducción de las dependencias críti­cas, la diversificación de riesgos y la construcción de una autonomía es­tratégica relativa capaz de limitar la exposición a presiones externas”.

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