Feminismo y Comunicación: las coordenadas de una teoría y una agenda

Por Aimée Vega Montiel. Especialista en Feminismo y Comunicación. Investigadora de Tiempo Completo en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH) de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fundadora y co-coordinadora de la Red de Universidades UNESCO UNITWIN en Género, Medios y TIC. Presidenta de la Global Alliance on Media and Gender (GAMAG)..

TRIBUNA ABIERTA



Cómo citar: Vega Montiel, A. (2026, 26 de junio). Feminismo y Comunicación: las coordenadas de una teoría y una agenda. En Boletín Mensual de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación, (56). https://doi.org/10.5281/zenodo.20920209

Introducción

El feminismo es una tradición con tres siglos de historia, durante los cuales se ha consolidado como una teoría, una agenda política, un conjunto de movimientos sociales articulados en red y una multiplicidad de acciones (Valcárcel, 2019). Ha sido definido como la tradición teórica y el movimiento social más revolucionario de la historia. Según la filósofa Amelia Valcárcel, el feminismo «ha cambiado por completo el rostro de la sociedad y ha demostrado ser la política capaz de introducir mayores cuotas de libertad y bienestar en el mundo» (2019: 11).

El feminismo ha cuestionado al patriarcado y al neoliberalismo, dos sistemas de opresión que, de manera conjunta, han promovido la discriminación y la violencia contra las mujeres en la sociedad. Lo ha hecho en todos los ámbitos de la sociedad, incluido el de los medios de comunicación.

El contexto

En el marco de la construcción de los derechos humanos de las mujeres, la teoría crítica feminista enfocó su análisis desde los años 60 en los medios de comunicación. La conceptualización de la desigualdad de género y la discriminación de las mujeres en y a través de estas industrias, fue acompasada del impulso de la agenda política.
Con la designación de 1975 como el Año Internacional de la Mujer, inició el diagnóstico regional y mundial sobre la situación de las mujeres (Organización de las Naciones Unidas, 1975), aportando evidencia de la violación de los derechos humanos de las mujeres en todos los ámbitos, en reciprocidad con su marginación de la economía mundial y de su poco o nulo acceso a los recursos para acceder a una ciudadanía plena. Un elemento fundamental originado por estas causas, apuntaba al acceso muy limitado de las mujeres a los medios de comunicación y a las tecnologías de información, en términos de representación, acceso y uso. Las imágenes estereotipadas que sobre ellas prevalecían, así como su escasa participación en la propiedad y la toma de decisiones, fueron señaladas desde entonces como poderosas barreras que dificultaban la universalidad de los derechos humanos (Gallagher, 1981).
Por su parte, la Convención para la Eliminación de todas las formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés) y la Convención Belém Do Pará de la OEA incluyeron ordenamientos a los medios de comunicación, en aras de que erradicaran los estereotipos sexistas de los contenidos y con ello contribuyeran a la eliminación de la violencia contra las mujeres.

Con este telón de fondo, la Plataforma de Acción de Beijing de la ONU estableció desde 1995 los principios básicos para hacer de los medios de comunicación y las tecnologías de información, aliados de las mujeres, de sus derechos humanos y su desarrollo. En particular, la Sección J delineó la agenda sobre género y comunicación, e identificó dos áreas prioritarias para el avance de las mujeres en materia de derechos humanos e igualdad de género:

  1. La erradicación de estereotipos sexistas de los contenidos de los medios, las nuevas tecnologías y la publicidad;
  2. El acceso de las mujeres a los puestos de toma de decisión.

Éste fue el punto de partida para que la comunidad internacional atendiera esta agenda. La 47 Sesión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW, por sus siglas en inglés), de la ONU de 2003, llamó la atención sobre la necesidad de que las industrias de medios y las TIC combatieran la discriminación de género. Posteriormente, la centralidad de esta agenda fue puesta de relieve en debates e iniciativas internacionales, como son la Alianza Global de Medios y Género (GAMAG, por sus siglas en inglés), lanzada por la UNESCO y por más de 500 organizaciones en 2013; el Global Compact ‘Step it up for gender equality in the media’, presentado por ONU Mujeres en 2015; la Red Internacional de Universidades UNESCO UNITWIN en Género, Medios y TIC, creada en 2015 y liderada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad Real Instituto de Tecnología de Melbourne (RMIT, por sus siglas en inglés) y la Universidad de Pádova, así como por un número importante de contribuciones académicas y activistas al debate. Al mismo tiempo, la GAMAG ha llamado la atención sobre la importancia que tiene la igualdad de género en y a través de los medios y las TIC para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en particular el Objetivo 5 sobre igualdad de género.

La posición central de este tema en la agenda internacional ha sido un logro de académicas y activistas feministas, a través de un largo proceso de construcción e integración de numerosos recursos, entre ellos la investigación, las políticas públicas, la incidencia legislativa y la educación.

El objetivo de esta Tribuna Abierta de la AE-IC, es identificar las coordenadas del campo de investigación en Feminismo y Comunicación. Dichas coordenadas han sido trazadas a partir de investigación empírica, que se han constitutido como referente de la agenda feminista en comunicación.

No obstante algunas evidencias se remontan a las raíces de esta agenda de investigación, la razón de su vigencia conceptual y política es que pese a las numerosas recomendaciones y convenciones que vinculan a estos sectores, la situación continúa siendo la misma, al tiempo que algunos problemas se han agudizado -como es la violencia sociodigital contra las mujeres-.  En esencia, las cuestiones fundamentales han permanecido inalteradas a lo largo de las décadas, y se encuentran vinculadas al poder, la desigualdad y la discriminación.

Industrias de comunicación y desigualdad de género

El patriarcado es un sistema que institucionaliza el dominio masculino sobre las mujeres y cuenta con mecanismos de dominación que materializan la desigualdad de género. Uno de los más poderosos, son las industrias de comunicación -que incluyen medios tradicionales y digitales-, en los cuales la teoría crítica feminista ha enfocado su atención, con el fin de problematizar la normalización de la desigualdad entre mujeres y hombres.

¿Cómo funcionan estas estructuras? Para explicarlo, la Economía Política Feminista ha señalado que las relaciones de clase no son genéricamente neutrales. Por esta razón, el capitalismo no tiene las mismas implicaciones para los hombres que para las mujeres, por lo que el patriarcado y el capitalismo reproducen en conjunto las injusticias sociales (Riordan, 2002: 7). 

En este tenor, las industrias de comunicación no son un efecto «natural» del desarrollo de la sociedad, sino producto de intereses hegemónicos que buscan obtener los máximos beneficios, basándose en la explotación de la fuerza de trabajo (Martin, 2002: 54). Los medios de comunicación y las nuevas tecnologías tampoco operan de forma «neutral». Puesto que son producidas por las estructuras de poder asentadas en la desigualdad de género, estas industrias representan la cultura masculina.  Por lo tanto, sirven como mecanismos de dominación por cuanto exacerban la desigualdad entre mujeres y hombres (Martin, 2002: 54).  Además, dado que las mujeres están involucradas en el capitalismo como trabajadoras, pero también como consumidoras, sus intereses están en gran parte en manos de las industrias de comunicación e información (Martin, 2002: 57). Estas industrias han sido históricamente reproductoras de la ideología patriarcal, respondiendo a la asociación de mujeres y hombres a estereotipos sexistas: mujeres representadas como cuerpos mercantilizados y objetos sexuales para el consumo masculino y hombres como sujetos de poder (Byerly, 2002). De esta manera, «aquellos con la propiedad y el control de las industrias de medios también tienen el poder de silenciar e invisibilizar los pensamientos, ideas, experiencias, problemas y logros de las mujeres» (Gallagher, 1980, en Byerly, 2002: 136). ¿Cuáles son las expresiones de estos mecanismos patriarcales?

Desde hace más de 30 años, me he dado a la tarea de construir evidencia empírica con el fin de demostrar que la desigualdad de género en las industrias de comunicación es estructural y que las manifestaciones de violencia y discriminación contra las mujeres en y a través de estos sectores no son meros accidentes ni casos aislados, sino que responden a la necesidad de tener en estas industrias al brazo cultural del patriarcado.

Así, he analizado la representación de la violencia contra las mujeres y las niñas en los contenidos de los medios de comunicación y el ecosistema digital; su influencia en audiencias y usuarios; el acceso y participación de las mujeres en las industrias de comunicación, desde el nivel de propiedad, hasta el técnico, pasando por el profesional, como periodistas, productoras y directoras; la experiencia de las todavía escasas mujeres que han alcanzado puestos de toma de decisión en estos sectores; las políticas de regulación de medios; la violencia contra mujeres periodistas y la violencia sociodigital contra las mujeres -incluida en la IA-. En todas estas dimensiones, dichos sectores operan en contra de las recomendaciones contenidas en convenciones y otros instrumentos.

A continuación, comparto algunas evidencias que dan cuenta del carácter estructural de la desigualdad de género en los medios de comunicación y el ecosistema digital.

  • Todos los contenidos de la televisión, radio y prensa, incluida la publicidad, reproducen estereotipos sexistas que promueven la violencia contra las mujeres. La naturalizan, sin problematizarla ni representarla como un atentado a los derechos humanos de las mujeres y las niñas. Por ejemplo, en una semana son reproducidos en medios mexicanos más de 10 mil tipos –física, sexual, psicológica, económica y feminicida- y modalidades –familiar, laboral, educativa, institucional y comunitaria- de violencia contra las mujeres.[1]
  • Las mujeres constituyen apenas el 25% de las fuentes informativas en contenidos noticiosos en el mundo (WACC, 2025).
  • La industria de la pornografía se ha consolidado como una economía a escala global, construida sobre la explotación sexual de las mujeres y las niñas. Aunque es difícil calcular la cantidad de pornografía que circula en Internet, las estadísticas señalan que constituyen el 30% por ciento del total de sitios web en el mundo –260 millones, la mayoría de los cuales difunden pornografía infantil. En suma, la industria pornográfica en Internet reporta muchas más ganancias que Microsoft, Google, Yahoo, Amazon, Apple y Netflix unidas, esto es, 97.06 billones de dólares en un año (Pornography Industry Revenue Statistics, 2006).  La producción y difusión de estos contenidos se encuentra vinculada a las redes de trata con fines de explotación sexual de niñas, adolescentes y mujeres jóvenes. Casi la totalidad del consumo de pornografía es masculino, mientras que más del 90% de los cuerpos que son exhibidos, son de mujeres  (Gómez, 2023).
  • El acceso y participación de las mujeres las industrias de medios, no logran la paridad en ningún nivel: de las 100 grandes corporaciones en el mundo, 94 tienen un director ejecutivo; 30 de las 100 industrias mediáticas no tienen ninguna mujer en puestos directivos (Edström, et.al., 2017)[2]. Los consejos de administración de los medios concesionados y las empresas de telecomunicaciones, marginan la participación de mujeres.
  • En México, la titularidad de concesiones está concentrada en pocos actores, principalmente hombres (menos del 5 por ciento de titulares de concesiones en televisión, son mujeres, y en radio poco más del 10%).
  • La división sexual del trabajo margina la participación de las mujeres de áreas como  producción, dirección y operación técnica. De acuerdo a una investigación que llevé a cabo en México, en el área técnica de la televisión permisionada, las mujeres constituyen el 21% de la planta laboral y el 31% en la televisión concesionada. En la radio permisionada y concesionada, la participación masculina alcanza casi un 70% y la femenina un 30%.
  • Las mujeres que han logrado ocupar puestos de toma de decisión en estos sectores, identifican una marcada desigualdad de género, evidente en prácticas como la masculinización de las rutinas de trabajo, la desigualdad en la remuneración y reconocimientos; el techo de cristal, traducido en las prácticas que comúnmente les impiden alcanzar o mantenerse en los puestos de poder, y que se encuentran asociadas a su condición de género –ser madres o esposas-; así como la marginación de las mujeres de espacios de decisión masculinos.
  • La brecha digital de género, expresada en la desigualdad entre mujeres y en el acceso a Internet, el dominio de las tecnologías y el desarrollo de habilidades digitales, se ha agudizado. A nivel global, las mujeres tienen un menor acceso a dispositivos, enfrentan más barreras para acceder a servicios financieros digitales y están infrarrepresentadas en el sector tecnológico.
  • Una dimensión crítica de la brecha digital, es la violencia sociodigital contra las mujeres. De acuerdo con la Comisión de Banda Ancha de la ONU, más del 70% de niñas y mujeres han sido víctimas de por lo menos una de los más de 30 tipos de violencia sociodigital identificados hasta ahora, incluido el relacionado con la producción de pornografía deepfake con el empleo de inteligencia artificial.
  • El incremento de la violencia contra mujeres periodistas, es otra consecuencia de la discriminación de género prevaleciente en los medios de comunicación. De acuerdo con la Coalición para las Mujeres en el Periodismo Women Press Freedom, países como México, Rusia, Afganistán y Venezuela registran el mayor número de atentados, que incluyen: violencia física, sexual, psicológica, económica y feminicida, además de desplazamientos por estas causas[3].

¿Hacia dónde apuntar?

Aunque la academia y el activismo feminista han logrado que la discriminación de las mujeres en y a través de los medios de comunicación y el ecosistema digital sea reconocida como uno de los principales obstáculos para el ejercicio de los derechos humanos de las mujeres, los problemas asociados a estos sectores son hoy mayores que nunca. Lejos de contribuir a una comprensión social de la desigualdad de género y de su naturaleza estructural, los medios de comunicación y los sistemas digitales distan mucho de ser promotes de los derechos de las mujeres.

Se ha producido una escalada de los estereotipos sexistas y de la revictimización de las mujeres en los contenidos de los medios y de las plataformas digitales. En este contexto, resulta especialmente preocupante la distorsión de conceptos feministas como la autonomía y el empoderamiento, que está poniendo en riesgo a las víctimas, por ejemplo, en cuestiones relacionadas con el consentimiento y la libre elección sexual. En esencia, como lo advertía al inicio de este texto, las cuestiones fundamentales han permanecido inalteradas a lo largo de las décadas: siguen estando vinculadas al poder, la desigualdad y la discriminación.

¿Por qué razón? Porque para las empresas de medios de comunicación y plataformas digitales difundir contenidos que discriminan a las mujeres parece ser un buen negocio. Pero lo mismo ocurre con los grupos criminales que se benefician de la explotación sexual de mujeres y niñas y de la producción de pornografía que es ampliamente difundida a través del ecosisema digital.

Para concluir, me gustaría retomar algunas de las principales recomendaciones formuladas tanto a los Estados como a las empresas de medios de comunicación y corporaciones digitales, con el objetivo de promover los derechos humanos de las mujeres y las niñas.

En el plano normativo, los Estados deben cumplir con lo establecido en los instrumentos jurídicos internacionales, incluida la tarea de supervisar a los medios de comunicación y las plataformas digitales. Dado que se ha demostrado que la autorregulación, por sí sola, no es suficiente para que las empresas de medios y plataformas digitales promuevan la igualdad entre mujeres y hombres en y a través de los contenidos, resulta urgente establecer marcos de corregulación.

Es urgente que los Estados proporcionen los recursos tecnológicos, humanos y financieros necesarios para garantizar a las mujeres y las niñas una vida libre de violencia en los medios de comunicación y en las tecnologías de la información y la comunicación. Asimismo, es necesario promover programas de alfabetización mediática e informacional con perspectiva de género en las escuelas, comenzando desde la infancia. En particular, la asignación de recursos financieros para la investigación académica que permita comprender las dimensiones de la discriminación y la violencia contra las mujeres en los medios y los entornos digitales, así como el uso de esos datos para diseñar políticas públicas fundamentadas en evidencia, constituye un componente esencial.

Finalmente, considero que las corporaciones digitales deben comprometerse a crear protocolos de seguridad eficaces para la protección de las mujeres y las niñas en Internet y, en colaboración con las autoridades competentes, mejorar los mecanismos de acceso de las víctimas a la justicia. Por su parte, los medios de comunicación, en particular los informativos, deben garantizar condiciones de seguridad a las mujeres periodistas.


[1] Esta investigación, coordinada por Aimée Vega Montiel, se tituló La representación social de la violencia contra las mujeres y las niñas en la agenda mediática en México y estuvo financiada por la UNAM a través del programa PAPIIT. Se llevo a cabo en 2006 e incluyó el análisis de la programación de los cuatro canales de mayor cobertura y rating a nivel nacional, durante una semana, de 6.00 a 23.00 horas, lo que resultó en un total de 544 horas de programación estudiada. Los canales incluyeron el 2 y 5 de Televisa, 7 y el 13 de Televisión Azteca, así como la televisora pública Canal 11 del Instituto Politécnico Nacional. En radio, se analizó un número similar de horas de las estaciones La Z, 97.7, Stereo Joya, 96.9 y 98.5. Abarcó el análisis de medios impresos (prensa y revistas) (Vega Montiel, 2011).

[2] Ver: Institute for Media and Communication Policy, Media Data Base, www.mediadb.eu/de/datenbanken/internationale-medienkonzerne.html.

[3] Ver: https://www.womeninjournalism.org/reports-all/q1-2024-l2la9


Referencias

  • Byerly, C. (2002) “Gender and the Political Economy of Newsmaking: A Case Study of Human Rights Coverage”, Meehan, E. y Riordan, E. (eds.) Sex & Money, Feminism and Political Economy in the Media, University of Minnesota Press, Minneapolis, pp. 130-146.
  • Gómez, Á. (2023), “Dimensiones del proxenetismo digital: una aproximación al fenómeno de la misoginia monetarizada”, Aránguez, T. y Olariu, O. (coords.) Ensayos Ciberfeministas, Dikinson, Madrid, pp. 68-83
  • IFT, Instituto Federal de Telecomunicaciones (2015), Estudios sobre oferta y consumo de programación para público infantil en radio, televisión radiodifundida y restringida [en línea] Disponible en: http://www.ift.org.mx/sites/default/files/contenidogeneral/comunicacion-y-medios/estudiosninosfinalacc-act.pdf [Consultado el 1 de marzo de 2016].
  • Gallagher, M. (1980), Unequal Opportunities: The Case of Women and the Media. UNESCO, París.
  • Martin, M. (2002) “An Unsuitable Technology for a Woman? Communication as Circulation”, Meehan, E. y Riordan, E. (eds.) Sex & Money, Feminism and Political Economy in the Media, University of Minnesota Press, Minneapolis, pp. 49-59.
  • Riordan, E. (2002) “Intersections and New Directions: On Feminism and Political Economy”, Meehan, E. y Riordan, E. (eds.) Sex & Money, Feminism and Political Economy in the Media, University of Minnesota Press, Minneapolis, pp. 3—15.
  • Valcárcel, A. (2019). Ahora, Feminismo. Cuestiones candentes y frentes abiertos. Ediciones Cátedra, Madrid.
  • WACC, World Association of Christian Communication. Global Media Monitoring Project 2015. [en línea] Disponible en: https://whomakesthenews.org/gmmp [Consultado el 11 de febrero de 2017].