La responsabilidad de la investigación en una época de cambios en la comunicación
Por Miquel de Moragas i Spà, catedrático honorario de la Universitat Autònoma de Barcelona, expresidente y socio de honor de la AE-IC
TRIBUNA ABIERTA
Cómo citar: De Moragas Spà, M. (2025, 27 de junio). La responsabilidad de la investigación en una época de cambios en la comunicación. En Boletín Mensual de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación (46). https://doi.org/10.5281/zenodo.15745841
Aceleración y naturaleza de los cambios
En las últimas décadas los cambios en la ecología de la comunicación se han ido sucediendo de manera acelerada, más acelerada que nunca.
Las primeras innovaciones en la comunicación humana (la escritura en sus diversas formas, la imprenta) fueron fruto de varios siglos de desarrollo. A partir del siglo XIX, con la electricidad, empezaron a producirse en décadas y, ya en el siglo XXI, en lustros o incluso, en años.
En “La comunicación y sus cambios. De los orígenes al móvil” (2022)[1] constataba el escaso tiempo transcurrido entre la generalización de las primeras experiencias de las redes sociales (hacia 2010) y su plena implantación, acelerada por los cambios de vida que supuso la pandemia de la covid-19.
No fue necesario esperar una década más, sino únicamente un lustro, para enfrentarnos a un nuevo cambio radical en la agenda de la comunicación: las consecuencias globales de la inteligencia artificial.
Los cambios que podemos denominar irruptivos en la ecología de la comunicación siempre tuvieron efectos estructurales, como resultado de la interacción entre la condición humana, las tecnologías y la organización social. Pero los cambios actuales suponen una nueva dimensión: la globalización, entendida en el sentido de reforzar la comunicación/información como eje central de la condición humana y de la vida social.
Para responder a estos retos la investigación de la comunicación deberá buscar nuevas perspectivas transdisciplinares que, entre otras, incluyan la historia comparada como recurso teórico que nos permita distinguir entre variaciones y continuidades: ¿qué cambios son realmente irruptivos?, ¿qué cambios son simplemente funcionales?, ¿qué hay de realmente nuevo?
Un objeto de estudio desbordado
A finales del siglo XX, la digitalización y la convergencia entre informática y telecomunicaciones incidió en todos los procesos de mediación social, modificando la agenda no solo de la política sino también de la economía, la cultura y la educación.
Ya en siglo XXI, se produce un nuevo cambio verdaderamente irruptivo al introducir en el sistema de comunicaciones procedimientos de inteligencia artificial con automatismos y algoritmos que inciden, más allá de los medios, en los más diversos ámbitos de la vida social: cultura, política, economía, salud, educación, movilidad, medio ambiente, e incluso, en las formas de conocimiento humano (visualidad, oralidad, textualidad).
Con la irrupción de la inteligencia artificial, aun en su proceso inicial, lo que denominábamos “almacén digital de contenidos” ya no es únicamente un lugar donde depositar o buscar información, sino una gran “inteligencia” que controla y procesa todos los datos facilitados – voluntaria o involuntariamente- por los usuarios, capaz de calcular y proponer soluciones.
Controlar la comunicación significa hoy controlar las distintas esferas de la vida social.
La investigación en comunicación, los árboles y el bosque
En los últimos años estamos asistiendo a una extraordinaria multiplicación de investigaciones monográficas dedicadas a los más diversos aspectos y prácticas de la comunicación. Sin embargo, vamos sintiendo un gran vacío respecto al conocimiento de los efectos globales y la prospectiva de los cambios que se suceden aceleradamente.
En contraste con el gran número de investigaciones monográficas (y descoordinadas) que se publican en revistas especializadas, estimuladas por el actual sistema de promoción académica, se constata la escasez de ensayos teóricos que aporten conocimiento global sobre el “espíritu” de nuestro tiempo, parafraseando a Edgar Morin.
¿Los árboles, plantados por doquier, sin aportes comparativos, nos impiden ver el bosque?
Haciendo un paralelismo con la antropología cultural diríamos que los múltiples estudios etnográficos tienen sentido y son necesarios, siempre que concluyan en visiones de conjunto.
Transcendiendo los resultados de múltiples estudios de caso, nuestro trabajo teórico debería consistir ahora en aportar conocimientos de carácter global sobre la ecología de la comunicación de nuestro tiempo y sus variaciones.
El conocimiento acumulado sobre diversos aspectos del sistema (espacios, tecnicidades, flujos, economías, convergencias, retóricas, usos, efectos), debería decirnos algo sobre el conjunto y, aún más, debería decirnos algo sobre nuestro modelo de sociedad y su prospectiva.
El objetivo es “conocer el mundo”, considerando el eje de la comunicación, como hicieron, entre otros, Williams, Habermas, Luhmann, Hall, Morin, Martín Barbero, Canclini, etc.
Interpretar crítica y propositivamente los cambios
El diagnóstico de estos cambios es fundamental para una posterior propuesta de acción democrática, objetivo de nuestro trabajo intelectual.
La investigación (siempre crítica) debe poner al descubierto las contradicciones y falacias de las teorías sobre la nueva ecología de la comunicación, construidas y divulgadas por los propios sectores financieros e industriales que promueven estas innovaciones.
Ahora, es momento de recordar cómo las innovaciones tecnológicas de los siglos XIX y XX se ofrecieron acríticamente -y sin contrastes- como nuevas oportunidades de libertad, participación y democracia, sin advertir su posterior orientación hacia la recentralización y la comercialización de sus prestaciones, convertidas en nuevas formas de control.
El tecno-optimismo inicial de las redes sociales encontró pronto el contrapeso de las falsas noticias automatizadas, los falsos relatos del trumpismo, apoyados, precisamente, por las grandes tecno-oligarquías.
Compromiso de la teoría con las políticas de comunicación
Pero la teoría critica también debe comprometerse con la transferencia de conocimientos de interés social, aportando soluciones y descubriendo oportunidades. En el caso de los estudios de comunicación, y en la actual vorágine de cambios, esto significa recuperar y renovar el compromiso con las políticas democráticas de comunicación, en su sentido más amplio, de acción cívica y democratizadora.
Estas políticas deben diseñarse partiendo de diagnósticos fundamentados, evitando, por ejemplo, el riesgo de usar vías de comunicación en desuso, enviando mensajes donde ya no hay receptores, o utilizando lenguajes no adaptados a los nuevos medios y prácticas de comunicación.
Cabe recordar ahora que en el siglo XX la investigación académica tuvo un papel decisivo en la fundamentación de las políticas nacionales y la definición del nuevo orden internacional de la comunicación, plasmado en el Informe Mac Bride de 1983.
En las décadas siguientes, también desde el ámbito académico, afloraron nuevas ideas sobre el uso de las tecnologías para una comunicación horizontal y participativa, se construyó un discurso propositivo sobre las políticas para la diversidad cultural con nuevos enfoques sobre la convergencia entre políticas de comunicación y políticas culturales, etc.
En el actual nuevo contexto de globalización, cambios digitales y aplicaciones de la inteligencia artificial, estos retos no solo siguen vigentes, sino que aún son más acuciantes.
Las exigencias básicas de las políticas de comunicación en el siglo XX, tales como la planificación de la comunicación para el desarrollo, la contribución de los medios a la diversidad cultural, las garantías de pluralismo, se renuevan y amplían a principios de siglo XXI: redefinición del concepto de libertad de expresión, neutralidad de la red, manipulación y circulación de falsas noticias, nuevas burbujas de recepción, reivindicación feminista y nuevos valores de igualdad, etc.
Ante ello surgen importantes nuevos retos epistemológicos. Así, por ejemplo, la concentración del poder tecno-comunicativo reclama la revitalización de la economía política; el análisis de las nuevas retóricas de la mentira, hacen pensar en la necesidad de recuperar el vigor de la semiótica prematuramente abandonada; los cambios cognoscitivos determinados por los nuevos lenguajes e interacciones reclaman una nueva antropología de la comunicación; la necesidad de redefinir los servicios públicos de información cuestiona a la teoría de la comunicación política; la nueva mirada feminista exige un revisión de objetos y métodos que afectan a diversos campos de la comunicación.
Finalmente, a la Teoría de la Comunicación también le corresponde poner nombre a las cosas, denominar y definir los fenómenos, hacer diagnósticos y avanzar prospectivas, evitando que la ecología de la comunicación sea interpretada y definida, exclusivamente, desde el prisma de las grandes corporaciones, que disponen de excepcionales recursos de investigación y planificación. Tratando de evitar que estas corporaciones consigan un pleno dominio, no solo sobre el uso de los medios, sino también sobre la interpretación de sus funciones sociales y su correspondiente marco jurídico-político.
[1] MORAGAS, Miquel de (2022), La comunicación y sus cambios. De los orígenes al móvil, València: Aldea Global.

