La transferencia de conocimiento como desafío para la mejora de la reputación social de la investigación en Comunicación

Por Xosé López, Catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela y coordinador del grupo de investigación Novos Medios

TRIBUNA ABIERTA



Cómo citar: López, X. (2025, 28 de noviembre). La transferencia de conocimiento como desafío para la mejora de la reputación social de la investigación en Comunicación. En Boletín Mensual de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación (49). DOI: 10.5281/zenodo.17692373

La investigación en Comunicación en la Península Ibérica no solo ha alcanzado la mayoría de edad en esta tercera década del tercer milenio, sino que disfruta de una etapa marcada por indicadores que apuntan a la excelencia y a una relativa buena salud de hierro. Es así no tanto por las políticas públicas, que algo han ayudado, aunque han sido timoratas en la mayoría de los casos, como por el esfuerzo de una generación que hoy está de retirada, por cuestiones de ciclos vitales, y por el talento de jóvenes bien formados que han entrado en el campo y que buscan incentivos para la automotivación, bien por desafíos en los rankings o por sueños personales y de equipos de inquietos y valientes, dispuestos a sobreponerse a las dificultades y mostrar los frutos de su trabajo.
Lo que puede parecer una buena noticia, que lo es, encierra, a partir del dato puntual, más dimensiones de los procesos de investigación que en estos momentos debemos analizar. La satisfacción por ese logro no debe impedirnos ver la complejidad del panorama y un conjunto de tendencias que, impulsadas por las mudanzas rápidas de la transformación digital, el inicio de una nueva ola de digitalización que impulsa la alta tecnología y los nuevos contextos socioeconómicos y sociopolíticos, anuncian cambios radicales en el ecosistema comunicativo que se dibuja en el horizonte, en una sociedad marcada por la plataformización, la polarización y una emergencia global.(Zallo-Elguezabal, 2025). Esas mudanzas relevantes también afectan a los investigadores y a su actividad, en especial al aprovechamiento social que se hace de los resultados de su trabajo.
El cambio radical que se otea en el horizonte nos obliga a intentar salir de nuestras zonas de confort, esos lugares en los que hemos cosechado más o menos logros en el campo científico, y buscar renovadas estrategias capaces de responder mejor a los desafíos que se nos presentan en el camino.  Aunque a veces tenemos la sensación de que hemos dado la vuelta al día en ochenta mundos, de la mano de Julio Cortázar, y hemos traspasado el túnel del tiempo y de las múltiples influencias, lo cierto es que hay muchos vericuetos de los nuevos territorios comunicativos del ecosistema actual que sólo hemos divisado desde la lejanía, sin ser capaces de adentrarnos en sus entrañas para ofrecer conocimiento sólido que conduzca a la construcción de comunidades con ciudadanos mejor informados, marcos estables para que los actores sociales intervengan, modelos de medios sostenibles, profesionales con perfiles que cultiven renovadas dimensiones comunicativas y ciudadanos capacitados comunicativamente para transitar por escenarios de incertidumbre.
A los investigadores en Ciencias Sociales, en especial a los de Comunicación, se nos pide que aportemos conocimiento sin dejarnos intimidar (Franquet, 2025) por las múltiples amenazas que ahora emergen desde todos los frentes, al margen de las banderas o los colores variopintos.  No es la primera vez y no será la última. Puede que no tengamos las herramientas precisas, pero debemos explorar nuevas estrategias que contribuyan a evidenciar, a partir de transferencia efectiva a la sociedad de los resultados de nuestras investigaciones colectivas, caminos que, aunque no conduzcan a Santiago, Roma o Lumbini, resultan útiles para avanzar en modelos de comunicación que alimenten el cambio de una sociedad que precisa iniciativas más humanas para los humanos, al margen de las tecnologías y herramientas que empleen.
Para los nuevos desafíos no solo precisamos de una revisión de las teorías, que pongan nombre a las cosas, denominen y definan los fenómenos y hagan diagnósticos y avances prospectivas (de Moragas-Spà, 2025) a partir de los numerosos estudios empíricos de los años más recientes, sino que también necesitamos más equipos competitivos, a partir de grupos de investigación interdisciplinares, y la colaboración de grupos competitivos mediante redes nacionales e internacionales a fin de ofrecer más estudios comparados, más profundidad y propuestas para actuaciones integrales. No se trata tanto de estar en el baile de los cuartiles, lo que es interesante y necesario para avanzar, aunque no siempre trascendente, como de aportar conocimiento más útil para su aplicación en el cambio comunicativo y social.

Dilemas en tiempos convulsos
A pesar de los avances conseguidos y de la excelente masa crítica de investigadores que habitan el campo de la comunicación en la Península Ibérica, el horizonte que se dibuja para el final de la tercera década del tercer milenio plantea dilemas a los que posiblemente no podremos responder con acierto en caso de que apliquemos miméticamente estrategias del pasado. Si el contexto social y comunicativo ha cambiado, aunque las experiencias del pasado nos resultarán positivas, puede que, por sí solas, no sean suficientes para una elección acertada de la mejor vía para la obtención de resultados sociales y económicos óptimos.
La comunicación ahora es de muchos a muchos, los canales se han multiplicado, los formatos se diversifican e hibridan, la tecnológicas refuerzan su posición dominante… y los ciudadanos, vigilados y muchas veces desconcertados, buscan vías fáciles y funcionales que atiendan sus necesidades más apremiantes o el acceso a las dinámicas comunicativas de los canales habituales que alimentan su día a día. En este contexto, no cabe duda de que el objetivo estratégico es construir un ecosistema digital que favorezca el acceso al conocimiento y el empoderamiento cívico, a fin de tomar decisiones informadas (Prado, 2025). Este objetivo debe presidir nuestra actividad.
Desde la posición que tenemos como investigadores en Comunicación, la principal contribución que podemos realizar para que se alcance este objetivo es aportar conocimiento que perciban y aprovechen todos los actores del ecosistema comunicativo. De ahí la necesidad de mejorar nuestra relación con el entorno comunicativo, con renovadas vías de colaboración en el campo de la investigación, y de reforzar nuestro compromiso con los actores sociales comprometidos con sociedades más justas, más saludables y más sostenibles.
Distintas barreras, reticencias mutuas y escasos incentivos han alimentado un modelo de producción científica que, aunque relevante, pierde fuerza a la hora de su aplicación práctica, bien por falta de una buena adaptación o porque los modelos actuales favorecen la circulación por caminos paralelos, sin apenas conexiones. La superación de esta situación no sólo compete a los investigadores, pero quizá en estos momentos nuestros equipos profesionales se encuentran en mejor posición para hacer valer su trabajo, explicarlo y trasladarlo por los canales existentes de transferencia o por otros que habrá que construir.

La divulgación y la transferencia
Cuando una comunidad científica como la de la Comunicación en nuestro ámbito no sólo ha conseguido consolidarse, sino que ha madurado y ha mostrado con datos que se recogen en numerosos indicadores que muestran sus fortalezas, tiene que afrontar nuevos retos. Debe prestar atención a las debilidades -tenemos algunas, como excesiva fragmentación de iniciativas, internacionalización mejorable (en cuanto a redes estables), más diversificación metodológica según objeto de estudio y diseños más sólidos…[1]-) hasta mejorar en todos los ámbitos -lo que se conoce vulgarmente como no dormirse en los laureles o evitar el cultivo de rutinas fáciles- y poner en marcha iniciativas que respondan a los nuevos desafíos, en este caso que nos plantea el actual contexto sociopolítico y comunicativo.
Es muy importante la publicación de resultados, especialmente en las revistas científicas de máximo impacto en el campo, y la divulgación de resultados, tanto en los canales de nuestras propias universidades como en medios especializados -The Conversation o Infonomy, por ejemplo-, en nuestras entidades profesionales que ponen en marcha ventanas de estas características -como AE-IC- o en los medios de comunicación colectiva de referencia o de máxima difusión en los ámbitos territoriales en los que se asientan nuestras universidades -por esa proximidad con el territorio y sus actores sociales-. Pero no es menos importante una buena estrategia de transferencia de resultados a los más directamente implicados y, por lo tanto, los que pueden tener más interés en su aplicación.
Además de incrementar las colaboraciones estratégicas con el sector -organizaciones profesionales, empresas o iniciativas sociales-, es necesario que consigamos generar más confianza de los principales actores sociales en nuestro trabajo y en su potencial y conformar nuevos sistemas de alianzas, tanto en proyectos competitivos como en planes de trabajo para resolver cuestiones muy puntuales y concretas. Lo que necesitamos como colectivo es que nuestra actividad investigadora en comunicación revierta al máximo en el sector productivo, en la actividad profesional y en la sociedad en general.  Sólo así ganaremos reputación en el conjunto de las Ciencias Sociales y entre los sectores más dinámicos de la sociedad.
Coincido plenamente con las expertas que sostienen que la tarea de difundir y comunicar resultados de las investigaciones no se puede dejar al albur o en un segundo plano, como a veces hacemos, porque es necesaria una planificación minuciosa (Tous-Rovirosa, 2024). Entiendo que este es uno de los desafíos hoy del conjunto de los investigadores del campo de la Comunicación, que sólo podremos afrontar con un buen diseño y una comunicación multidireccional que asegure que los resultados científicos los apliquen las personas, grupos y organizaciones que tienen interés en una comunicación más eficiente, más saludable y más humana. O nos aliamos con estos grupos de interés, allá donde estén con sus proyectos y desafíos, o nuestros próximos pasos con herramientas de alta tecnología o renovados territorios comunicativos seguirán avanzando bajo una alargada sombra que alimenta el verbo renquear.

Renovadas estrategias
El desafío de mejorar nuestra transferencia de resultados de la investigación en un contexto en el que, de la mano de la alta tecnología, en especial de la IA generativa, se anuncia un cambio radical en el ecosistema comunicativo y en la actividad periodística, nos aconseja, desde mi punto de vista, a crear equipos de trabajo con más investigadores, a la mejora de nuestra colaboración interdisciplinar a través de institutos de investigación en Ciencias Sociales y Comunicación, y a una mayor colaboración estable con redes de investigación internacional. Es decir, tenemos que introducir mejoras en la estructura desde la que investigamos, poner en marcha la actualización de los objetivos estratégicos e introducir cambios en cómo y con quién hacemos nuestro trabajo de investigación. Y lo debemos hacer con una visión intelectual que reconozca y abrace una conciencia global, con investigadores de todo el mundo (Waisbord, 2025).
A partir de esas mejoras, nuestra estrategia debe contemplar identificar mejor los problemas de investigación, de acuerdo con las inquietudes del sector, las necesidades y las cuestiones que estimemos prioritarias. Una mejor relación comunicativa, con más canales de comunicación con el sector y con los profesionales, así como más actuaciones conjuntas mediante actividades en el sector, debe desembocar en un mejor conocimiento a fin de actuar. La identificación de los retos con las organizaciones de noticias, las organizaciones profesionales y colectivos ciudadanos comprometidos con una comunicación honesta y sostenible nos permitirá orientar la transferencia de los resultados hacia soluciones precisas que reporten beneficios tangibles para la sociedad, en especial para los actores del sector y los colectivos ciudadanos más dinámicos.
El tercer eslabón de las renovadas estrategias consiste en involucrar a potenciales usuarios finales de los resultados de nuestras investigaciones desde la fase de ideación y diseño del proyecto de investigación. El establecimiento de mecanismos de seguimiento y participación en el desarrollo del proyecto resultará decisivo para una mejor ejecución del proyecto y para una transferencia más eficiente, a partir del aprendizaje continuo durante el proceso de realización.
Aunque es cierto que algunos grupos de investigación competitivos ya siguen este modelo de actuación, no cabe duda de que, en este momento de intensas transformaciones digitales y cambios de tendencias en las dinámicas sociales, es una buena oportunidad para una revisión, para un ajuste de aquello que se puede mejorar y para un impulso que haga realidad que nuestras investigaciones aporten vitaminas al ecosistema comunicativo para un mejor funcionamiento en favor de los intereses de los ciudadanos, que precisan información fiable y de calidad, es decir, veraz. Y solo podrán acceder a estas mejoras si hay investigación que incentive a los actores del ecosistema que lo hagan posible y si disponen de la capacitación precisa para acceder a una información de interés público y de calidad.

A modo de conclusión
Los logros conseguidos por la investigación en Comunicación en la Península Ibérica en las últimas cuatro décadas, que son muchos y muy meritorios, no deben impedirnos reflexionar sobre los nuevos desafíos en el contexto del complejo panorama actual y los retos a los que nos enfrentaremos en un escenario de digitalización que anuncia cambios radicales de la mano de la alta tecnología y, en especial, de la inteligencia artificial generativa -con la inteligencia artificial cuántica en el horizonte-. Todo apunta a que el ecosistema vivirá un cambio radical y que tanto los medios de comunicación como los profesionales de la información se enfrentarán a una situación muchos más compleja que la que han tenido que afrontar cuando se inició la digitalización y la última transformación del sector, hace más de tres décadas.
Como en estas tres últimas décadas hemos conseguido avances importantes en la investigación en Comunicación, quizás, como todavía vivimos a la sombra de los éxitos, nos cueste más implicarnos en la introducción de cambios importantes para atender las necesidades que emergerán y las demandas que previsiblemente llegarán de las organizaciones de noticias y las organizaciones profesionales. De ahí la necesidad de reflexionar sobre los desafíos inmediatos e impulsar foros y actividades orientadas a la mejora de la transferencia de los resultados de nuestras investigaciones, porque este es un desafío urgente. Y eso, a pesar de los recientes logros, implica revisar nuestra estrategia investigadora y nuestras relaciones con los actores sociales con intereses en el sector y con los sectores más dinámicos de la sociedad.
Las universidades -especialmente las públicas- y las empresas deben reforzar lazos para alcanzar una mejor unión de fuerzas en la consecución de los objetivos compartidos comunes. Es un desafío para las universidades y para los que investigamos desde grupos o institutos creados en estas universidades. Las vías hasta ahora existentes, aunque han permitido avances, han sido insuficientes para unos resultados óptimos. El marco normativo ayuda poco, pero parece que, ante los nuevos retos de la transformación del ecosistema comunicativo, son necesarias renovadas estrategias y modelos de actuación. Ello no implica que renunciemos a la demanda de cambios en la regulación que respalden estos objetivos estratégicos.
Nuestras iniciativas de divulgación y difusión de resultados, así como la transferencia al sector, han mejorado notablemente en los últimos años, pero las estrategias y técnicas que hemos aplicado no son suficientes para que podamos acometer con éxito los cambios que se avecinan. O nos comunicamos mejor con los grupos de interés del ecosistema comunicativo, con modelos de alianzas según necesidades y acuerdos posibles, o perderemos una oportunidad de dar un salto adelante a fin de ser decisivos en la solución de problemas existentes y los retos del futuro. Es el momento de afrontar este desafío porque, en el nuevo horizonte que se dibuja para el ecosistema comunicativo, o somos capaces de ofrecer propuestas acertadas y precisas que se apliquen en favor del cambio o correremos el riesgo de ser residuales, satelitales o incluso siderales en el conjunto de los campos científicos.
 Entiendo, pues, que quizás ha llegado la hora de revisar nuestras estrategias de investigación y de su transferencia a la sociedad si queremos estar en el núcleo que impulse los cambios que se necesitan en la comunicación que fija como primer objetivo el interés público, la calidad, la transparencia, el servicio a la comunidad…y que tiene a las personas en el centro de su actuación. Ahora precisamos un periodismo y una comunicación más humana para los humanos, sea con herramientas de alta tecnología o con técnicas de nuevo cuño que alimenta la creatividad humana.
No podemos dejar en manos de máquinas o de herramientas sofisticadas el compromiso con la verdad y la información veraz. Y las propuestas, estrategias y vías para que sea así deben salir de los resultados de nuestras investigaciones. Pero para conseguir este objetivo tenemos que ofrecer resultados más solventes, más ilusionantes, más eficaces y más aplicables. De ahí que debamos dar un paso más en nuestras estrategias de investigación y en la transferencia del conocimiento a la sociedad si queremos mejorar la reputación social de la investigación en Comunicación.


[1]Conviene revisar los artículos del volumen 31, número 1, de Profesional de la Información dedicado a los cincuenta años de estudios universitarios de Comunicación en España; los trabajos del Mapa de la Investigación en Comunicación en las universidades españolas, en el marco de los proyectos MAPCOM (https://mapcom.es); o los trabajos liderados por Manuel Martínez Nicolás sobre la investigación sobre Comunicación en España -en especial, este trabajo publicado en la Revista Latina de Comunicación Social, https://nuevaepoca.revistalatinacs.org/index.php/revista/article/view/13 – entre otros trabajos que ofrecen perspectivas cuantitativas y cualitativas.

Referencias

  • De Moragas Spà, M. (2025, 27 de junio). La responsabilidad de la investigación en una época de cambios en la comunicación. En Boletín Mensual de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación (46). https://doi.org/10.5281/zenodo.15745841.
  • Franquet, R. (2025, 30 de mayo). La comunicación y la investigación independiente un bien escaso en estos tiempos de incertidumbre. ¿El nuevo desorden mundial de la comunicación contra la democracia?. En Boletín Mensual de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación (45). https://doi.org/10.5281/zenodo.15538774 .
  • Prado, E. (2025, 31 de enero). La moderación de contenidos en las redes sociales. En Boletín Mensual de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación (41). https://doi.org/10.5281/zenodo.14774736.
  • Tous-Rovirosa, A. (2024). Plan de comunicación: la transferencia y divulgación de resultados de investigaciones científicas. Infonomy, 2(3). https://doi.org/10.3145/infonomy.24.037.
  • Waisbord, S. (2025). The cosmopolitan imagination: a call for global communication studies. Journal of Communication. https://doi.org/10.1093/joc/jqaf043.
  • Zallo Elguezabal, R. (2025, 28 de febrero). La comunicación saqueada. En Boletín Mensual de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación (42). https://doi.org/10.5281/zenodo.14940109.