Repensando la esfera pública y el giro regulatorio

Por Philip Schlesinger, Socio de Honor de la AE-IC, es Catedrático de Teoría Cultural en el Centre for Cultural Policy Research y Professorial Fellow en CREATe, el Centre for Regulation of the Creative Economy en la Universidad de Glasgow (Reino Unido). [1]

TRIBUNA ABIERTA



Cómo citar: Schlesinger, P. (2025, 19 de diciembre). Repensando la esfera pública y el giro regulatorio. En Boletín Mensual de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación (50). https://doi.org/10.5281/zenodo.17979976 

Repensando la esfera pública en la era digital
¿Por qué la idea de una ‘esfera post-pública’ es un foco importante de su investigación sobre ‘neo-regulación’?
Mi trabajo ha abordado durante mucho tiempo las relaciones entre medios, política y democracia. Mi interés en la regulación, por lo tanto, es solo un foco diferente sobre una preocupación de larga data.
Una figura fundamental en el debate sobre la esfera pública es el filósofo político alemán, Jürgen Habermas, a cuya obra regreso periódicamente. En un artículo en el que reflexiono sobre la esfera pública, adopté la idea de una ‘esfera post-pública’ debido a los cambios acaecidos en el panorama mediático en los estados liberal democráticos.
Este fue también el punto de partida para mi trabajo sobre regulación digital (Schlesinger, 2020). Mi foco ha sido el cambio de lo que comúnmente se llama sistema de medios tradicional (con la prensa escrita, la radio y la televisión en su centro) a un sistema híbrido, en el que los medios de anclaje más antiguo han mutado a formas digitales, conservando al mismo tiempo aspectos de sus encarnaciones anteriores.
Junto a las transformaciones digitales, los cambios políticos y económicos han desafiado las formas institucionales de los estados liberal democráticos y, de hecho, la supervivencia del orden democrático. La revolución digital ha traído consigo una fractura en las formas de comunicación, su circulación y modos de interpelación, y los tipos de recepción de la audiencia.
El valor de enfatizar el presente ‘post’ de la esfera pública es que registra el significado y la profundidad de los cambios actuales. En su trabajo más reciente Habermas (2023) reconoció el desafío, subrayando los intercambios ‘no regulados’ entre ciudadanos y la amenaza epistémica de una cultura política de la post-verdad para las comunicaciones democráticas. Una esfera pública que funciona requiere la existencia de un público constituido en modos que respeten ampliamente las reglas del juego discursivo. En la situación discursiva habermasiana ideal, el uso de un argumento que despliega evidencia para justificar un juicio importa enormemente. Para Habermas, la regulación se convierte en un posible antídoto para aportar orden a una sociedad plataformizada. Pero el cómo podría funcionar la regulación de esta manera simplemente no se explora. Es un gesto hacia una posible solución que requiere más investigación. Comparto parte del análisis de Habermas, pero en general no logra reconocer la profundidad de la crisis. Estamos experimentando no una transformación de la esfera pública, sino su reemplazo parcial. Nombrar una ‘esfera post-pública’ pone el acento en ese reconocimiento. El punto que quiero enfatizar es que hay una ruptura (Schlesinger, 2024).
Naturalmente, debemos dejar abierta la posibilidad de que se desarrollen nuevas relaciones de poder y reglas del juego. La reconstitución de una esfera pública re-imaginada no está fuera de discusión. Sin embargo, bajo las condiciones actuales, es probable que adoptara una forma fuertemente nacionalista y soberanista, con sus propias complicaciones y limitaciones.

¿Cómo reconfigura el análisis de la ‘esfera post-pública’ su comprensión de los mecanismos regulatorios en la era digital?
Me he planteado una pregunta central: ¿qué podría aportar la regulación a la defensa del orden democrático? Si bien es necesario comprender las teorías de la regulación, también se necesita una sensibilidad empírica acerca de cómo funcionan las cosas. La noción de una ‘esfera post-pública’ no sugiere una trayectoria evolutiva fluida, sino que apunta a una ruptura estructural. En este contexto, la ‘neo-regulación’ está conectada con la ‘esfera post-pública’ porque tiene la intención de desempeñar un papel defensivo: se trata de reglas de conducta que buscan establecer límites negociados al tiempo que aseguran espacio para formas de expresión crítica. En un momento en el que la preocupación por la seguridad nacional está en auge en todas partes, siempre existe el riesgo de que la regulación se incline hacia la censura.
Influenciado por la teoría del campo de Pierre Bourdieu (1993), propuse el concepto de ‘campo regulatorio’ (Schlesinger, 2020). El punto clave es que reconozcamos cómo las relaciones entre Estados, reguladores, regulados y partes interesadas están estructuradas en y por el poder. Por supuesto, el modo en el que el campo regulatorio se pueda describir en una jurisdicción determinada depende de la forma que adopte el Estado y la cultura legal y política. Lo que sucede a nivel del Estado, y lo que se considera característica y distintivamente nacional, debe entenderse en el contexto de las relaciones internacionales. Comprender el campo regulatorio, por lo tanto, requiere un enfoque dual en las interacciones entre las lógicas institucionales internas y las relaciones de poder externas.

El giro regulatorio y la exploración del Reino Unido
¿Podría explicar qué le llevó a proponer el concepto de ‘neo-regulación’?
La regulación del espacio digital ha pasado a ocupar un lugar central en muchas jurisdicciones (Flew, 2021). La regulación varía de un lugar a otro, pero existen fuerzas impulsoras clave: por ejemplo, cómo el funcionamiento de las plataformas se relaciona con la seguridad nacional y las ideas defensivas de soberanía digital; el impacto a menudo divergente de las demandas sociales, morales y culturales con respecto a la regulación del contenido; y los imperativos económicos perseguidos por los gigantes tecnológicos poderosos que se cruzan con y dan forma a la política, tanto a nivel nacional como global.
Di con la idea de ‘neo-regulación’ y acuñé la de ‘giro regulatorio’ trabajando con mis colegas Martin Kretschmer y Ula Furgał en el Centre for Regulation of the Creative Economy CREATe en la Universidad de Glasgow. Examinamos el surgimiento de la regulación digital como un objeto cada vez más diferenciado. Este nuevo marco surgió de un debate de política pública que cubrió una serie de preguntas – de forma notable, aquellas relacionadas con la seguridad en línea, la competencia en el mercado y cómo manejar las tensiones entre la protección de la privacidad y el comercio de datos (Kretschmer et al., 2022).
Cuando comenzamos nuestra investigación en 2018-19, nuestro foco estaba en el Reino Unido, donde un referéndum celebrado en junio de 2016 había votado a favor de abandonar la Unión Europea (UE). Este momento decisivo ha sido etiquetado como Brexit. No pudimos evitar una reevaluación post-Brexit de la posición global del Estado británico, que era prioridad en la agenda nacional. Esa reconsideración no ha cesado, sobre todo dada la actual agitación provocada por las guerras arancelarias que se están librando. ¿Se profundizarán los lazos del Reino Unido con la UE a medida que se debiliten los que existen con Estados Unidos?
Al inicio de nuestra investigación, el Reino Unido estaba en proceso de resolver el tipo de giro regulatorio que estaba realizando. También quedó claro que algo innovador estaba sucediendo en el espacio regulatorio. Los reguladores digitales habían llegado a la conclusión de que el alcance de la regulación debía cambiar; que, para usar el cliché, no podía mantenerse en silos porque el campo mismo de actividad que estaba siendo regulado estaba mutando a un ritmo acelerado. Necesitaban mantenerse al día con los desarrollos tecnológicos y su impacto, para abordar cómo su creciente impulso estaba cambiando el alcance mismo de la regulación. La forma específica que tomó el giro regulatorio en el Reino Unido fue moldeada por un proceso de consulta. Una serie de informes establecieron los parámetros para el debate. Hubo presiones políticas en juego, bien documentadas, que dieron mayor impulso a la conclusión a la que se llegó. Los reguladores habían leído el terreno de la política pública y comprendido las implicaciones para el campo regulatorio.
Había un giro regulatorio teniendo lugar a nivel internacional, así como una nueva forma de regulación cooperativa emergiendo dentro de él. Intenté capturar esto en una reconstrucción basada en documentación oficial y en el desarrollo del pensamiento sobre las políticas públicas que influenciaron el establecimiento del llamado Digital Regulation Cooperation Forum (DRCF; Schlesinger, 2022). En la siguiente fase de nuestra investigación, el análisis se profundizó y amplió mediante un trabajo de campo socio-legal sobre los reguladores vinculados al DRCF (Kretschmer y Schlesinger, 2025). Complementamos una perspectiva externa accediendo a una interna. El principio subyacente es que un micro-estudio, cuando se construye correctamente, proporciona un punto de entrada para examinar un conjunto de relaciones que revelan la compleja gama de factores que constituyen el campo regulatorio más amplio. En efecto, dicho análisis funciona como un portal.

¿Es la creación del DRCF, como nuevo consorcio regulador, una innovación política significativa en el Reino Unido?
La ‘neo-regulación’ se refiere a la innovación reguladora, es decir, a las nuevas prácticas inventadas para hacer valer el interés público en circunstancias novedosas. Esto contrasta con los modelos reguladores tradicionales que emplean organismos gubernamentales únicos en los que los límites de la competencia jurídica están estrictamente prescritos. 
El DRCF del Reino Unido fue creado inicialmente por tres organismos reguladores en 2020, durante la pandemia de COVID-19. Los organismos en cuestión eran la Competition and Markets Authority (CMA), la Information Commissioner’s Office (ICO), y la Office of Communications (Ofcom). En 2021 se les unió la Financial Conduct Authority (FCA). Todos ellos son organismos investidos de poderes legales por el Parlamento del Reino Unido. La creación del DRCF es un ejemplo de ‘neo-regulación’ en la práctica: un marco de gobernanza distintivo cuyas operaciones requerían una denominación específica para reflejar su novedad y relevancia.
Hemos analizado cómo el DRCF, como mecanismo cooperativo que traspasa las fronteras normativas, ha creado un espacio para actuar como ‘agente intermediario’ dentro del panorama normativo pluralista del Reino Unido. Hemos identificado siete actividades funcionales fundamentales: el papel del DRCF como una especie de think tank; su refuerzo de capacidades; la orientación que ofrece a las partes interesadas; su coordinación de las intervenciones regulatorias o de la aplicación de la normativa; la prestación de servicios a entidades reguladas; y la búsqueda de redes y gobernanza internacionales. Este tipo de actividades pueden considerarse como un ‘valor añadido’ a los modos de regulación establecidos y como una justificación para la creación y la continuidad del DRCF. 
Como consecuencia del voto Brexit, la ‘neo-regulación’ del Reino Unido refleja una respuesta nacional específica a circunstancias globales nuevas. La creación del DRCF es una reacción oportuna a este entorno dinámico. Si bien el Reino Unido ha innovado en el diseño de esta forma de cooperación, otras jurisdicciones han seguido el modelo. Cabe destacar la creación en 2023 de la International Network for Digital Regulation Cooperation (INDRC), cuyos miembros actuales, además del Reino Unido, son Australia, Canadá, la República de Irlanda y los Países Bajos, cada uno de los cuales ha adaptado el modelo británico a sus propias circunstancias.

Regulación pluralista de la IA y nuevos grupos de gobernanza
¿En qué medida prevé que el DRCF amplíe su mandato para abarcar la IA dentro de su marco de cooperación cros-regulatoria?
Cómo se integrará la IA en el futuro panorama regulatorio del Reino Unido es una incógnita. El DRCF ha sido una respuesta a las condiciones imperantes y parte de su trabajo aborda cuestiones que plantea la IA: por ejemplo, ha considerado cuestiones de política derivadas del uso de algoritmos y ha asesorado a innovadores a través de su AI and Digital Hub experimental.
El Gobierno del Reino Unido ha creado un AI Security Institute, con funciones de investigación para fundamentar la gobernanza. El panorama regulatorio cambiará si se crea un regulador específico para la IA. La forma en que este organismo se articule con el DRCF dependerá también de cómo los organismos reguladores existentes adapten mutuamente sus competencias y su colaboración. Desde la realización de esta entrevista, varias formas de ‘coherencia regulatoria’ y ‘coordinación’ permanecen en el modelo del Reino Unido. El DRCF es un ejemplo clave de esta aproximación (Jones y Deakin, 2025).
Más allá del contexto inmediato del Reino Unido, las decisiones de políticas que tomen los gobiernos en materia de normativa sobre IA variarán según el lugar y estarán sujetas a una amplia gama de intereses; además, es probable que en cualquier momento se vean fuertemente influenciadas por las consideraciones geopolíticas y geoeconómicas predominantes. Existe una variedad de modelos regulatorios en diferentes jurisdicciones, y en la actualidad una gobernanza global parece una posibilidad remota. Por supuesto, no debemos descartar nada.

¿Cómo ve la evolución del futuro de la gobernanza de plataformas a nivel global?
Solo un alma valiente se arriesgaría a hacer una predicción. Por ejemplo, la opinión de que la adhesión común a los valores democráticos por parte de Estados Unidos y la UE superará en última instancia las diferencias de interés sobre la regulación digital parece extremadamente fantasiosa (Bradford, 2023). Podríamos, sin embargo, considerar las condiciones actuales que probablemente marcarán el escenario en el futuro inmediato.
Son tiempos turbulentos en los que la competencia global entre Estados Unidos y China está en la primera línea de nuestra atención. Por supuesto, la campaña arancelaria del presidente Trump afecta a todos en todas partes, no solo a China y Estados Unidos. La perspectiva de alcanzar acuerdos globales sobre la gobernanza de plataformas no parece muy prometedora en este contexto. Después de todo, las preocupaciones regulatorias están profundamente conectadas con el impacto de los aranceles, y actualmente estamos presenciando el rápido declive del llamado orden basado en reglas que ha dominado el mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
En el contexto del comercio internacional, hay señales tempranas de que se están iniciando nuevas relaciones entre Estados debido a la crisis arancelaria, y si estas resultan duraderas, surgirán nuevos espacios de colaboración, y habrá intereses nacionales convergentes en mantenerlos mediante la adopción de formas de acción comunes. Sin embargo, estas observaciones deben ser muy provisionales.
En el contexto de las guerras comerciales internacionales, la regulación digital está inevitablemente en la agenda (Mattelart, 1979; Daniels y Krige, 2022; Miller, 2022; Farrell y Newman, 2023). En un contexto global en recomposición, analizar los clústeres de gobernanza emergentes donde los intereses de los Estados coinciden será un foco importante para los investigadores y las investigadoras de políticas públicas. Ciertamente, también es de vital importancia para la investigación cómo los actores dominantes a nivel global usan su poder político, económico y cultural para dar forma e interrumpir el alcance de la regulación al interior y entre los Estados soberanos subordinados.

Su influyente libro, Putting ‘Reality’ Together (1978), se centró en la sociología del periodismo y los medios. ¿Por qué sus intereses de investigación se han desplazado hacia la política cultural y la regulación de plataformas? ¿Sigue su trabajo inicial dando forma a sus intereses?
Su pregunta me ha impulsado a revisar mis principales preocupaciones. Vale la pena distinguir entre el tema analizado y las cuestiones subyacentes abordadas. Siempre me ha interesado cómo funcionan y son controlados los medios de comunicación. Comencé examinando la producción de noticias en la icónica radiotelevisión nacional del Reino Unido, la BBC, y tiene perfecto sentido para mí investigar ahora la regulación, que en una dimensión clave es otra forma de hablar sobre los modos de control de contenido. Por supuesto, cuando estaba haciendo trabajo de campo en salas de redacción, era consciente de esa función de control y la analicé. Es más, mi interés por cómo las democracias abordan la seguridad nacional y cómo, a su vez, eso se relaciona con diferentes modos de comunicación y usos estratégicos, es más bien antiguo y ha reaparecido en mi trabajo más reciente sobre la ‘neo-regulación’.
Comencé con una perspectiva crítica sobre las políticas de radiotelevisión y, posteriormente, la he visto como una dimensión particular de las políticas convergentes de medios, comunicación y cultura. Las fronteras relativamente claras que alguna vez prevalecieron han dejado de ser significativas en gran medida, sobre todo cuando anteponemos el término ‘digital’ a áreas de política pública que antes eran distintas. En su forma clásica (y esto sigue siendo así en la era digital), la política de radiotelevisión se preocupa fundamentalmente por cuestiones relacionadas con la cultura, la nación y la identidad colectiva, especialmente cómo se relacionan con lo nacional, así como la construcción crónica de una comunidad política.
Esto es congruente con mi trabajo sobre las políticas culturales europeas y el comercio audiovisual internacional, cambiando más tarde el enfoque hacia la crítica de la política de la economía creativa. Por lo tanto, algunos de mis intereses más tempranos informaron más tarde mi trabajo sobre Europa, el cual en un cierto momento se preocupó por las relaciones entre las identidades nacionales y la posibilidad de una esfera pública europea supranacional. Ese trabajo se llevó a cabo durante un momento álgido de optimismo cosmopolita. Ahora estoy revisitando esta cuestión a través de la óptica más sobria de cómo la regulación se relaciona con las tendencias globales hacia el fortalecimiento nacional.
Finalmente, un tema que reaparece constantemente —y que también estaba en mi trabajo más temprano— es la sociología de los espacios en los que se despliegan diversas formas de expertise. Estos han incluido la interacción entre periodistas y sus fuentes, los modos de intelectualidad pública, el papel de los think tanks en los debates de política pública, cómo funcionan las instituciones culturales, los académicos como actores en roles públicos y, más tarde, la operación de la regulación digital.
En resumen, aspectos de mi trabajo inicial a menudo se han convertido en problemáticas abordadas en mi investigación posterior.


[1] Una entrevista realizada por Wei Zhao y Fei Huang a Philip Schlesinger, sociólogo político de los medios, la comunicación y la cultura, quien reflexiona sobre el rol de la regulación digital en la esfera post-pública.
Este texto, traducido por Mª Trinidad García Leiva, es parte de una entrevista originalmente publicada en chino el 21 de octubre de 2025: Wei Zhao & Fei Huang (2025). The ‘Post-Public Sphere’ and Digital Regulation: An Academic Interview with Professor Philip Schlesinger. Shanghai Journalism Review, (09). DOI:10.16057/j.cnki.31-1171/g2.2025.09.008. Versión completa disponible en inglés: Rethinking the Public Sphere and the Regulatory Turn. CREATe Working Paper 2025/9,  https://doi.org/10.5281/zenodo.17523706
Wei Zhao, PhD Centre for Cultural Policy Research, University of Glasgow, es Profesor de la School of International Culture and Communication, Beijing City University (China).
Fei Huang, investigador visitante 2023-24 del Centre for Cultural Policy Research, University of Glasgow, es Profesor Titular de la School of Journalism and Communication, Jiangxi Normal University (China).

Referencias

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