Una tarea revolucionaria en tiempos de desinformación: acumular evidencias de la desigualdad

Por Teresa Vera Balanza, Profesora Titular de Periodismo de la Universidad de Málaga y directora de la Sección Género y Comunicación de la AE-IC.

TRIBUNA ABIERTA

Cómo citar: Vera Balanza, T. (2025, 28 de marzo). Una tarea revolucionaria en tiempos de desinformación: acumular evidencias de la desigualdad. En Boletín Mensual de la Asociación Española de Investigación de la Comunicación (43). https://doi.org/10.5281/zenodo.15099963

En este mes de marzo que se acaba, queremos rememorar algunos hitos, visibilizar los aportes que desde la comunicación -la investigación, la reflexión y la práctica-, se han hecho a los avances por la igualdad de las mujeres en el mundo, y señalar algunos desafíos que nos apelan en este momento.

Hace 50 años, Naciones Unidas convocó la primera Conferencia Mundial de las Mujeres en México y, con ella, nació el Día Internacional de la Mujer. El evento mundial visibilizó en las calles a las organizaciones; en las reuniones de la conferencia se discutía sobre derechos, especialmente los que están vinculados al acceso a la educación y las oportunidades laborales, pero también se inicia un debate sobre el rol estratégico de los medios de comunicación para acompañar (y acelerar) los cambios sociales que afectan a las mujeres. Entonces se hicieron algunas campañas publicitarias y alguna cobertura informativa especializada.

La Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAWS 1981), en su artículo 5, ratificó la obligación de los estados en la toma de medidas apropiadas para: «a) Modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basados en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres». El objetivo apelaba muy directamente a las representaciones masivas, a la publicidad, a la ficción cinematográfica y televisiva, y también al sistema de medios que tendría que asumir dichos cambios.

Se precisaba, pues, un diagnóstico que fundamentara la situación, que analizara los marcos de representación, las carencias, las pautas y las diferencias entre países. Para eso, UNESCO encarga a Margaret Gallagher Unequal opportunities: the case of women and the media (1981), una obra monumental por la dificultad de recabar información global. El referente comúnmente compartido es el Informe McBride, por su capacidad de incidencia y sus inspiradoras propuestas. En el olvido, salvo para la investigación feminista en comunicación, ha quedado esta otra obra con propósitos semejantes, con información valiosísima sobre la participación de las comunicadoras en el mundo y, también, con bastante menos reconocimiento dentro de la comunidad científica.

20 años después de la primera cita, en 1995 durante la Conferencia Mundial de Beijing  los indicios ya son evidencias y está muy presente la necesidad de abordar la multiplicidad de las formas de desigualdad de género en los medios de comunicación, lo que implica tanto el análisis de la estructura profesional en cuanto  a la participación de las mujeres, el abordaje de los contenidos en su enfoque, orientación y su contribución a la crítica de los estereotipos de género, y la sensibilización de los públicos para exigir representaciones menos discriminatorias. Se expresó entonces como objetivo estratégico J.2.: «Promover una imagen equilibrada y no estereotipada de la mujer en los medios de comunicación». ¿Y cómo hacerlo?

Primero, idearlo. A la luz de esta vía nace el Proyecto Global de Monitoreo  de Medios (GMMP)[1] para llevar la cuestión de la responsabilidad de los medios a la vanguardia de los debates en torno a las desigualdades de género. Una iniciativa que se piensa colectiva, global pero situada, solidaria y voluntaria. Articulando a los grupos de activistas, a las profesionales, a los medios, a las asociaciones profesionales y a las académicas en una tarea común que implique auditar los contenidos, difundir los resultados y llevarlos al debate público, a incidir en sus respectivas áreas a fin de mejorar los datos en la siguiente edición.

Segundo, organizarlo. Teniendo en cuenta que la iniciativa comprometía a más de un centenar de países tenía que partir, obviamente, de un acuerdo sobre el objetivo y la metodología: se organizó un estudio de un día de duración sobre la representación de mujeres y hombres en medios del mundo con el propósito de sistematizar la información que se obtenía sobre la presencia, la imagen y las acciones de las mujeres y de los hombres aparecida en ellos. Para que los resultados por países y regiones fueran comparables, se requería del desarrollo de un instrumento de investigación básico que aunara de manera sencilla y codificara los aspectos de relevancia, a saber: quién produce las informaciones, qué sujetos aparecen en las noticias, haciendo qué cosas. El procedimiento era muy propio de los análisis de contenido, tan en boga en la época, pero excedía la dimensión cuantitativa para incorporar indicadores analíticos también.

Tercero, sistematizar los resultados. La primera lectura es positiva pues el número de países participantes no ha dejado de crecer y ya sobrepasa el centenar. España siempre ha contribuido y entre las personas que han auditado han estado académicas, investigadoras, docentes, profesionales y organizaciones profesionales: Pilar López Díaz (1995); María López Medel (FotoMagazine) en 2000; Elvira Altés de la Associació Catalana de Dones Periodistes coordinó las ediciones de 2005 y 2010; en 2015 la profesora Nuria Simelio del Laboratorio de Periodismo y Comunicación para la Ciudadanía Plural de la UAB lideró el GMMP; en 2020 y 2025 se ha coordinado desde la Universidad de Málaga por quien firma estas páginas. 30 años de trabajo requiere equipos, voluntades y relevos para monitorear, para hacer incidencia política, para formar a las nuevas generaciones de comunicadores/as y para revisar las rutinas informativas conforme a los compromisos que demandan los resultados que vamos obteniendo.

Sobre quién produce las noticias, se pregunta sobre el sexo y la edad de quien realiza la información. Y los resultados del proyecto van retratando cada lustro la feminización de la profesión y también su juventud; pero, igualmente, nos arroja evidencias meridianas, por ejemplo, sobre la mayor presencia de profesionales mujeres en la televisión (68%), constatando que ya se ha producido el relevo generacional y de género que detectamos en nuestras aulas. Y también se aprecian desafíos: los que tienen que ver con la precarización de la profesión, con la devaluación de las condiciones laborales o las limitadas oportunidades que los medios digitales están ofertando, y todo ello en el momento de mayor reactivación del patriarcado junto con la crisis de confianza en los medios[2]. Lo que se ha demostrado en 30 años es que las mujeres reporteras eligen mayoritariamente fuentes de información paritarias lo que redunda en la calidad, la pluralidad y la diversidad de la información. Los avances son el resultado de los aportes de las mujeres periodistas y del periodismo con perspectiva de género. De acuerdo con el GMMP, las noticias producidas por mujeres cuestionan dos veces más los estereotipos de género, la desigualdad y la violencia que viven las mujeres, es decir que son las periodistas las defensoras de la libertad de expresión y el derecho a la información de la sociedad.

Sobre quiénes son los sujetos de la información, el GMMP muestra una lentísima progresión: el 17% de quienes protagonizaban las noticias eran mujeres en 1995, en 2020 se llegó al 25%[3]. Progreso, sí, pero con matices. Aparecen más mujeres en Política (30%), en Ciencia y Salud (27%), en Economía (22%) pero ello todavía no responde ni al peso demográfico ni a la participación real en los distintos sectores de actividad profesional. Por primera vez, España disminuyó su porcentaje respecto a la media europea que está en el 28%. Sospechamos que las actuales circunstancias que acontecen en el continente no nos dan muchos motivos para la esperanza.

Complementariamente, se ha producido un cambio que concierne a las mujeres que aparecen como fuentes de información pues si hasta ahora aparecían en las noticias para contar su propia experiencia o  como testigos incidentales de hechos, el último lustro ha visto una modificación sustancial pues se ha pasado del 9 al 34% como personas expertas especialmente en los ámbitos sanitarios, asistenciales, educativos y científicos; que sean profesiones feminizadas no resta valor al indicio pues evidencia el compromiso social y el valor de servicio de la información durante la pandemia.  Igualmente, se ha visto incrementada la feminización de la función de portavocía en el ámbito político (71%) y en las organizaciones de la sociedad civil (12%). Esta mayor presencia y protagonismo tiene sus costes: las mujeres en la vida pública, parlamentarias, periodistas y defensoras de derechos humanos, se enfrentan a altos niveles de violencia psicológica, acoso y amenazas, a menudo relacionados con su género, amenazando su seguridad personal, y obstaculizando la igualdad de género y la participación democrática[4].

Balance: un índice, una red, muchas acciones

El valor de las evidencias es el primer logro de este proyecto, más allá de las percepciones, contar con datos es imprescindible para confrontar los relatos negacionistas y los reduccionistas también. La calidad y la pluralidad no refieren solo a la información política, sino a la amplitud de la mirada informativa.

El segundo es la creación de instrumentos de medición armonizados entre países, con sus limitaciones y matices, pero con la importancia del consenso sobre temáticas emergentes, por ejemplo en la edición de 2025 se ha desagregado la temática deportes, y se han tomado decisiones contundentes como la eliminación de las redes sociales del monitoreo.

El ulterior es la generación del Índice GEM que calcula la brecha de igualdad de género en función de seis indicadores: personas en las noticias (temas y fuentes), participación como profesionales reporteras, en calidad de voces expertas y como portavoces, y respecto al porcentaje de presencia en noticias económicas y políticas.

También la posibilidad de fortalecer la colaboración con la creación de una red mundial de personas y organizaciones que trabajan juntas para aumentar la igualdad de género en y a través de los medios de comunicación y las TIC,  la Alianza Mundial sobre Medios de Comunicación y Género (GAMAG) lanzada por la UNESCO y más de 500 organizaciones en el primer Foro Mundial sobre Género y Medios de Comunicación celebrado en Bangkok (Tailandia) en 2013, lidera la crítica al desequilibrio y la desigualdad de género en el empleo y los contenidos de los medios de comunicación. La preocupación primordial es que la participación inadecuada y la representación sesgada influyen en la percepción pública de los roles de género y las capacidades de las mujeres, tanto dentro de las sociedades como entre ellas.

Y la certeza de que la investigación inspira las acciones.  El 8 de marzo (8-M) de 2018 España se puso a la vanguardia del feminismo internacional en una jornada con una huelga histórica por los derechos de las mujeres, y en ese contexto surgió el movimiento #Lasperiodistasparamos en el que las comunicadoras se sintieron apeladas como trabajadoras y como mediadoras, como sujetos con capacidad política y profesional para denunciar la visión parcial de la realidad ofrecida por los medios y en la que falta la presencia y aportaciones de las mujeres, confirmando que el feminismo mejora el periodismo[5].
Esta primavera, renovamos nuestro compromiso y monitoreamos medios en el GMMP Spain 2025. Tenemos indicios para la esperanza: algunos ya cuentan con editoras de género, otros tienen secciones específicas para la Igualdad, el número de medios feministas también se ha incrementado[6]. Tenemos razones para la preocupación: la desinformación contra el feminismo[7], el cuestionamiento de los derechos humanos de las personas y de las identidades de género son cada vez más explícitos, abonan el territorio de comunidades exclusivamente creadas para aglutinar el odio y los discursos racistas, xenófobos, misóginos y supremacistas, pero también permea la información mainstream y la conversación pública[8].


[1] Global Media Monitoring Project. https://waccglobal.org/our-work/global-media-monitoring-project-gmmp/

[2] Rovetto, F. L. y Figueroa, L. A. (2019). “Minoría bulliciosa”. Periodismo feminista en tiempos de precarización laboral y reacción patriarcal. Descentrada, 3 (2), e090. https://doi.org/10.24215/25457284e090

[3] Cf. Vera, T. (2021) España. Informe regional 2020. https://whomakesthenews.org/wp- content/uploads/2021/07/Espana-Informe-GMMP.pdf

[4]https://www.unwomen.org/es/articulos/datos-y-cifras/datos-y-cifras-violencia-contra-las-mujeres

[5] Navarro C. y Coronado Ruiz C. (2022). #Lasperiodistasparamos: 8-M y la movilización de las periodistas de Televisión Española en 2018. Historia y Comunicación Social27(2), 371-380. https://doi.org/10.5209/hics.82656

[6] Frutos, R. & Ceballos, A. (2024). Periodismo feminista: prácticas organizativas, dinámicas periodísticas y agenda setting. Dígitos. Revista de Comunicación Digital, 10: 74-93. DOI: 10.7203/drdcd.v0i10.292

[7] Meléndez Malavé, N. y Pérez Quintana, P. (2023). La verificación de bulos relacionados con el feminismo: un análisis de los desmentidos sobre género publicados en Maldita.es y Newtral. Signo y Pensamiento, 42https://revistas.javeriana.edu.co/files-articulos/SyP/42(2023)/6562587008/index.html

[8] CIS (15.01.2024) Percepciones sobre la igualdad entre hombres y mujeres, enero 2024: el 44,1% de los hombres asegura que “se ha llegado tan lejos en la promoción de la igualdad de las mujeres que ahora se está discriminando a los hombres”https://www.cis.es/-/las-mujeres-dedican-el-doble-de-tiempo-al-cuidado-de-los-hijos-que-los-hombres